sábado, 27 de noviembre de 2010

“La Quema del Diablo o Día de los Fogarones”


                                            “La Quema del Diablo o Día de los Fogarones”

(Celebraciones en la Colonia)

El verdor de los barrancos que rodean aquella península incrustada en el valle de la capital, se podía respirar, inundando las pupilas de los ojos de los patojos, que bajaban a ellos, inventando aventuras con su imaginación…

Al finalizar el siclo lectivo, a finales de octubre, se podía ver grupos de patojos bajando a los barrancos (el de Lo de bran y el de las Guacamayas), en busca de chiribísco (ramas secas) en anticipo a la quema del diablo o día de los fogarones, que año tras año se realizaba a lo largo y ancho de la capital guatemalteca el 7 de diciembre en la víspera al día de la Inmaculado Concepción(Celebración que según los historiadores data del siglo XVI) y que era el punto de partida de las fiestas de fin de año.

Todos los días se miraba a los patojos hiendo a los barrancos con los machetes en mano, algunos con mochilas y cantimploras como si fueran de excursión, allí se estaban horas y horas explorando un terreno por todos conocido, dejándose inundar por la naturaleza, para luego regresar con algunas ramas aun verdes, que ponían a secar en los techos, de duralita de las casa de la Colonia, así entre juegos y excursiones a esos lugares donde cada día se internaban en busca de nuevas aventuras les llegaba el día tan esperado, acumulando el chirivisco y juntando todos aquello que en la casa era inútil o que simple y sencillamente traía malos recuerdos(como ropa, libros de mala lectura, la tarjeta con malas calificaciones y todo aquello que fuera sinónimo de tristeza o desventura).

Llegado el 7 de diciembre (Día de los locutores en Guatemala) muy de mañanita los patojos de la cuadra se juntaban en los campos de la Colonia, para designar el lugar donde harían el mentado fogaron. Algunos se quedaban apartando el espacio, para que no lo ocuparan los patojos de las otras cuadras, los demás iban bajando poco a poco el chirivisco, acumulado en los techos de las casa y poco a poco lo iban juntando, hasta ir formando una fogata, a la que posteriormente se le irían agregando los objetos no deseados. Para eso de las cuatro de la tarde todos los espacios vacios, de los campos de la Colonia(Los campos de futbol del centro y de las Isla, los terrenos al lado de mercado), estaban ocupados por fogatas listas para ser encendidas, por los patojos que las rodeaban, en espera de la hora, como quien espera una fiesta.

Ante la impaciencia de los patojos y muchachos, el sol poco a poco se iba rindiendo a los encantos de la luna, preparándose para ir a dormir. Al dar las seis de la tarde, los patojos brincaban de alegría, mientras alguien encendía la fogata, aquel era el momento esperado, donde con la complicidad de la obscuridad mas de alguna chica quemaba las cartas que un día la llenaron de ilusión, pero que ahora no eran más que el recuerdo de desventura de un desamor… Otros incineraban sus rencores, sus tristezas y todo aquello que les aprisionaba el corazón y les amargaba la vida, echando sobre las brazas, algún objeto que era como un símbolo de purificación. La tierra bañada de obscuridad, en aquel momento se llenada de luz, la luz de los fogarones que hacía que las tinieblas salieran corriendo ante la alegría de los patojos y la esperanza de los adultos.

Quemando cuetillos, cantando canciones poco a poco se iban consumiendo los fogarones… La atmósfera era de alegría, mesclada con el humo de lo incinerado dejaba esa sensación de irse preparando para un nuevo nacimiento del “Verbo que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros” esta vez en el corazón.

Oxwell L’bu

Foto: Internet

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Las Guirnaldas de Adviento"

“Las Guirnaldas de Adviento”


Celebraciones en la Colonia

Los 80’s es una época que algunos les parece tan cercana y cada vez que la recuerdan les parece que fue ayer…Mas lo cierto es que han pasado 20 años y aun que como dice la canción: “sentir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada…”La verdad es que en este lapso de tiempo tantas cosas han cambiado, en esta época el internet, las redes sociales y muchas de las cosas que resultan tan comunes hoy en día, eran conceptos o ideas en desarrollo y ciertos artículos estaban reservados solo para ciertos círculos sociales, como es el caso de los teléfonos celulares…

Por este tiempo, la: Quema del diablo” o “Día de los fogarones” poco a poco dejaba de ser el punto de inicio para las fiestas de fin de año, dado que algunas celebraciones se fueron acuñando en el calendario, como el “Desfile Navideño” de la organización Paiz que se realizaba en zona 4 y 9 de la capital, el primer domingo de diciembre. En La Colonia, “los carismáticos” iniciaban la celebración de “Las Guirnaldas de Adviento”, que principiaba precisamente, el último domingo del mes de noviembre, siguiendo el calendario litúrgico de la iglesia, el cual establece este, como tiempo de espera, para el nacimiento de el salvador, siendo este periodo los 4 domingos antes de la navidad.

Dicha celebración se realizaba a lo largo y ancho de la Colonia, en cada uno de los 16 sectores en forma simultánea por cada uno de las comunidades que constituían el grupo “Jesús Resucitado”. Dicho esfuerzo constituía todo un reto en cuanto a logística, coordinación y administración de recursos materiales y humanos. Comenzando desde ese primer domingo de adviento La Colonia se vestía de fiesta, en una celebración que era ante todo una forma de llevar el mensaje que “Sin Jesús no hay navidad” en una sociedad donde el consumismo iba ganando terreno.

Para la celebración de Las Guirnaldas de Adviento, los carismáticos preparaban con antelación todos los aspectos que esta involucraban, desde los refrigerios que se daba a los asistentes (usualmente ponche de frutos, champurradas, golosinas), invitaciones, adorno y decoración de las calles, sonido e iluminación, y la elaboración de la guirnalda en sí. La participación de niños, jóvenes y adultos le daba a dicha actividad un ambiente familiar.

La guirnalda iniciaba cuando la noche tendía su manto, con entonación de cantos navideños (Campana sobre Campana, Blanca Navidad, Noche de Paz, Navidad de Papel, etc.), luego se hacia la presentación de la Guirnalda en si dando la explicación su significado ** (la cual se incluye al final de este articulo), después se procedía a la lectura del evangelio y un momento de oración, para finalizar con una convivencia con todos los vecinos y participantes.

Como es de esperarse, no todos los vecinos eran participes de aquellas celebraciones, pero no pocas veces jóvenes poco asiduos a la iglesia o personas reacias a las cosas de Dios, durante estas celebraciones encontraban la ocasión para acercarse a Él y empezar una relación personal.

La última celebración de las 4 guirnaldas de adviento (el último domingo antes del día de navidad), se hacía en la iglesia con la participación de las 16 comunidades que conformaban el grupo, a cada una de las cuales previamente había sido comisionada para la preparación de esta gran evento en el que se cuidaban todos los aspectos, dado la gran cantidad de personas que asistían y que siempre se esperaba la visita de personas de fuera, tanto religiosos, como laicos. Cabe destacar que la iglesia se engalanaba con un hermoso adorno en el altar mayor y las dos naves laterales, adorno en la cual participaban, una gran cantidad de jóvenes y adultos talentosos, con habilidades en electricidad, iluminación, manualidades, y la participación del arquitecto Hugo Stuart (quien también era director del coro) quien ponía al serbio de la comunidad sus habilidades y talentos. En este ultima guirnalda, entraban a la iglesia, viniendo desde su sector cada una de las comunidades portando su guirnalda en forma de procesión, entonando cantos navideños que eran secundados por el coro dentro de la iglesia, luego se apagaban las luces dejando que únicamente las velas que una a una se iban encendiendo, iluminaran el templo mientras se entonaban cantos navideños, luego se procedía a la celebración de la misa.

Muchas cosas han cambiado y seguirán cambiando, pero hay cosas en la vida que llegan para dejar huella y hacer una diferencia.

Oxwell L’bu

Foto: Internet

**Explicación del Significado de la Guirnalda de Adviento:

La guirnalda de adviento es una corona que se puede hacer con ramitas de ciprés, pino etc. La forma circular simboliza lo eterno de Dios; las ramas verdes, representan la esperanza de la vida eterna dada a nosotros a través de Jesús.

Las cuatro velas (tres moradas y una rosada), simbolizan las cuatro semanas de Adviento, y nos indican que Jesús es la luz del mundo, (Jn. 8:12-13). Las velas moradas muestran que el Adviento es tiempo de preparar, allanar, limpiar y de arrepentirse. En esta época nos apartamos del pecado para volver nuestros ojos al recién nacido que es Dios con nosotros, (Mt. 1:23).

La vela rosada (que se enciende el tercer domingo de Adviento). Nos recuerda que debemos estar alegres porque se va acercando el gran día de la Navidad (Mc. 1:2). Se suele poner también una imagen de la virgen María en medio de la guirnalda.

Las velas de la corona de Adviento se enciende en los momentos de oración de cada domingo a partir del cuarto domingo antes de la navidad, ya sean en familia, catequesis o en la celebración de la Misa.

Lo que no debemos olvidar acerca de la guirnalda de Adviento:

• Se enciende solo una vela en el primer domingo

• Dos durante la Segundo domingo

• La vela rosada se enciende en el tercer domingo

• Las cuatro se encienden el cuarto domingo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

“La Renovación Carismática Católica en la Colonia”

“La Renovación Carismática Católica en la Colonia”


(Reseñas de la Colonia Primero de Julio)

Eran los finales de los 70’s, una década muy convulsionada en el mundo, con el movimiento jipi, los conflictos internos, así como la agitación social y política en el mundo, a lo cual no era ajena La Colonia, los jóvenes en este época buscaban nuevos caminos que los condujeran a un mundo más justo, más humano… Lo cual se pone de manifiesto en las expresiones artísticas de la época, expresado en todos sus matices y un claro ejemplo lo constituye la música que se escuchaban, y lo que decían: “Ayer tuve un sueño fue sensacional los pueblos Vivian en paz…” (Ayer tuve un sueño del Grupo los Pazos), “Yo no puedo callar, no puedo pasar indiferente ante el dolor de tanta gente…” (Yo no puedo Callar del Grupo Comanche), Casas de Cartón en fin una gama de agrupaciones que ponían en sus liricas el clamor de aquella generación…

Por estos años, se abría paso entre criticas y no muy buenos ojos, un movimiento dentro del ceno de la iglesia católica, que venía a constituir una clara respuesta al clamor del Concilio Vaticano segundo, se trataba de los grupos de oración, conformados por laicos, cuya novedad era el redescubierto del Espíritu Santo, a través de un nuevo pentecostés. Por aquel tiempo fue el señor Julio Cabria (D.E.P) quien empezó en su casa los llamados Círculos de Oración, a los cuales poco a poco se fueron sumando principalmente jóvenes que se sentían atraídos por los cantos alegres de alabanza, así como por el estudio de la biblia lo cual se hacía de forma sencilla y personal. Por este tiempo se les une Salvador Gómez Yánez (Predicador y misionero Católico fundador de los ministros Trigo en Guatemala y Espiga en El Salvador) quien recién había dejado el Seminario Franciscano, para buscar un nuevo rumbo en su vida. El punto de reunión de aquellas primeras reuniones era la “Tienda Esquipular”. Cada vez la asistencia a dichas enseñanzas era mayor y la sala de las casa se hacía insuficiente, por lo que bajo el auspicio y acompañamiento del padre Antonio Travadelo (Párroco de la iglesia) las reuniones empezaron a ser dentro de la iglesia.


Aquel grupo poco a poco fue atrayendo más jóvenes, niños y adultos, llegando a ser tan numeroso, que se decidió por aquel tiempo, el tomar el modelo de comunidades de base, para que la evangelización se siguiera llevando a las calles continuando con las reuniones en las casas, así como dentro de la iglesia, una vez por semana, sin faltar la asistencia a la misa dominical.


Las primeras tres comunidades que surgieron fueron: Luz del Espíritu Santo, Hijos de María y Resurrección,(que conformaban el grupo “Jesús Resucitado) las cuales se encargarían de atender, tres sectores de La Colonia, siendo los primeros coordinadores: Mario Lima, Teresa Bautista(Hija del Director y fundador del Colegio Justo Rufino Barrios) y Rolando Zarceño( Predicador y misionero católico). Para los años ochentas el grupo fue creciendo a pasos agigantados, ya por este tiempo, muchos de los que llegaron a La Colonia siendo niños o naciendo en ella ya cursaban el diversificado o empezaban sus primeros años de educación universitaria. Ante el crecimiento del grupo se decidió ir fundando más comunidades 16 en total, (Camino Verdad y Vida, Eben Ezer, Jerusalén, Juventud Cristiana, Sagrada Familia, Cristo Rey, Eucaristía, Samaria, Ave María, Santa María) las cuales fueron diseminadas a lo largo y ancho de La Colonia.

Ya por este tiempo la presencia de “Los Carismáticos” como se les solía llamar era evidente en toda la Colonia, ya que se les veía semana tras semana, repartiendo invitaciones (que eran tarjetas de invitación de esas que se reciben para las fiestas hechas mano) para las reuniones que tenía en la casa de alguno de los vecinos del sector (la cual se realizaba día viernes o sábado) aparte de la reunión de todo el grupo en la iglesia el día miércoles y la misa del domingo al medio día. Por otra parte para el tiempo de cuaresma realizaban el rezo del vía crucis por toda la colonia de casa en casa, donde se ponía un pequeño altar enfrente de las misma. Además por el mes de julio se realizaban los llamados “Juegos Carismáticos” en los cuales participaban los jóvenes en diferentes disciplinas deportivas. La celebración del aniversario del grupo era otro acontecimiento que no pasaba desapercibido dada la gran cantidad de personas que asistían, que la misma iglesia aun dada su gran tamaño, no se daba bastó para albergarlos. También se realizaba, una “Semana Eucarística” durante la cual la misa se hacía a en las calles de La Colonia en diferentes puntos (Frente a la Escuela Darío Gonzales, En la Ceiba cerca de la librería Dragón, en las canchas de básquet bol de la Isla, frente a la Ceiba del Mercado, frente al instituto Simón Bolívar/Primero de Julio, frente al dispensario y en la 24 al final de la Colonia) y por supuesto no se pueden dejar de mencionar “Las Guirnaldas de Adviento” que se celebraban a partir del último domingo de noviembre al último domingo antes de la Navidad .
                                                              

Es de mencionar que no todos los jóvenes de La Colonia participaban en dicho movimiento, algunos porque simple y sencillamente no les gustaba, otros por que participaban en otras denominaciones cristianas o religiosos, mas aun así no se puede negar la gran influencia que dicho grupo ha tenido dentro de la Colonia al punto que en poco tiempo, cuando la Renovación Carismática Católica de Guatemala decido reorganizarse en áreas, el área a la que pertenecía la parroquia junto a otras, se le denomino “Área Jesús Resucitado. De su ceno han surgido tanto vocaciones religiosas (como la del Padre Miguel quien falleciera en la republica de El Salvador, rescatando a un joven de ahogarse), como laicos comprometidos, como Juan Mancilla, Oscar Rosales (colaborador en programas de radio en Radio Estrella), Geovanni Blanco (Misionero y cantante católico) y como se menciono anteriormente a Salvador Gómez y Rolando Zarceño. Al igual que toda organización humana, el grupo de renovación Carismática en la Colonia ha tenido sus momentos de esplendor y en este tiempo quizás no lo sea, pero no se puede negar sus contribuciones a la formación de los Jóvenes en la Colonia aun en nuestros días.

                                                                             

 Oxwell L'bu                                                                            

jueves, 18 de noviembre de 2010

"cortejo en las Calles" (Cambiame un 21)

“Cortejo en las Calles”


(Cámbiame un 21)

El aroma de las flores se podía respirar por aquellas calles, donde los muchachos en las esquinas se reunían, para ver a las muchachas pasar o simple y sencillamente para conversar, de vez en vez más de uno, se iba sin despedirse del grupo, tras la chica que le quitaba el sueño y que poco a poco se iba convirtiendo en su tormento, pues no encontraba la forma de llamar su atención…Las palabras bonitas acaso le arrancaba una sonrisa o la burla del grupo, luego de regresar como perro con la cola entre las patas…

En aquel inmenso jardín en pleno abril, habían tantas flores cada una con su encanto, pero siempre había una que se volvía obsesión, pues sin darte cuente te roba el corazón. Nunca faltaba quien se enamorara de una de las chicas con las que recién había cursara el sexto grado de primaria y como siempre sucede, ellas con esa prisa por crecer dejan a los varones atrás, al punto que en poco tiempo se sienten como enanos frete a ellas…

Mas para esas cosas del amor, la creatividad de los muchachos no tiene límites, como bien es sabido a los números siempre se les han atribuido diferentes significados y propiedades, claro aparte del valor que representan, así tenemos que para algunas culturas el número 13 es de malos augurios o mala suerte, por los que los muchachos para referirse al mismo sin mencionarlo, le llaman el “Gracias” el 7 que es un número cabalístico y tiene connotaciones de buena suerte o el 3 que denota tiempo suficiente( por eso nos dicen: voy a contar hasta tres…) por lo que a alguno se le ocurrió, darle al “21” la connotación de la solicitud de un beso(como quien dice “Hoy estoy de suerte y ya te he dado tiempo suficiente “para pensarlo…).

En los autobuses públicos por esos tiempo, al pagar el pasaje, se le daba un ticket al pasajero, ticket que de vez en vez cuando subía el inspector de la línea de buses, lo pedía, para cerciorarse, de que todos habían pagado su pasaje y lo cortaba a la mitad. Dichos tickets venían numerados en orden correlativo y la forma de formar el mentado 21 era, sumando uno a uno los dejitos y si estos sumaban 21, pues el ticket podía ser canjeado por un beso por la niña de tus sueños. Así era que los muchachos, al subir al bus lo primero que hacían era sumar los dígitos y si era el 21, aun que el inspector los bajara, no soltaban el mentado ticket.

Miguel Alejandro era uno más de los muchachos de la cuadra, amigo de todos, pero un amante de la soledad, le gustaba al caer la tarde subirse al tejado de la casa, para ver las estrellas y escuchar música romántica en su radio a transistores y su gato. Soñaba despierto con el día, en que encontrara a esa niña que le robaría el corazón, no sabía quién era, pero tenía la certeza de que en cualquier rincón del planeta ella también lo esperaba, con las mismas ansias que él la anhelaba. Como todos los chicos de su edad, le gustaba ir a los repasos(bailes) y ver bailar a las chicas. Se moría de las ganas por sacar a bailar a una y sentir cerca su respiración, pero no sabía bailar, no tenía esa gracia, por más que lo había intentado hasta con las escobas, siempre se tropezaba, así que prefería ver . Le gustaba la música en español e ingles y aun que esta no la entendía, se inventaba la letra, una que expresaba los sentimientos de su corazón… Porque eso sí, Miguel Alejandro para escribir, se las pintaba solo y más de una vez de su inspiración brotaron las cartas de amor, con las que sus amigos enamoraron a sus novias, pues a solicitud de ellos, el era algo así el poeta anónimo del cortejo de los amigos. Eran cartas llenas de imaginación y poesía, cartas escritas pensando en la niña que aun no conocía… Y como todos también guardaba los mentados 21 cuando tenía la fortuna de que uno de ellos caía en sus manos, los atesoraba en una billetera vieja, donde portaba mas papeles que dinero.

Veía como cada uno de sus amigos se iba empatando con alguna chica, ellos le decían, que se animara que habían tantas florecitas bellas para escoger en aquel jardín, pero el cómo podía se hacia los quites y salía del asecho. Aun que más de una vez sentía esa melancolía de la soledad , a veces sentía esas ganas de adelantar las manecillas del reloj para propiciar aquel encuentro, que no veía venir y se preguntaba si aquello no era más que el fruto de sus idealizaciones… Mas seguía esperando y puntual a su cita con las estrellas y la luna.

Los vientos de fin de año y ese frio que pide a gritos unos brazos para abrigarlo, le traían una ansias que apenas lograba disipar, al escuchar las canciones que hablan de amor o ver una pareja de enamorados pasar, le hacía sentir, que en su vida le faltaba esa clase de cariño. Era aun un niño, que espera con toda la ilusión del mundo a que todo eso llegara. Por las calles se veía a los muchachos cortejando a las muchachas, principalmente cuando estaban en grupo, como que eso les inyectaba una dosis de valentía que cuando estaban solos no tenia, pues al parecer en las cosas del amor las chicas tenían más coraje y determinación.

Una tarde de esas, cuando las prisas por no perderse el programa de televisión favorito, hace que los muchachos salgan corriendo a hacer el mandado a la tienda, mientras pasan los comerciales… Miguel Alejandro fue por azúcar, pero en la tienda de la esquina no había, ni en la de la vuelta de la manzana, en fin corrió de tienda en tienda sin poder encontrar, en esas prisas andaba, cuando se choco con alguien ,a quien le boto la docena de huevos que llevaba, disculpándose y apenado, se agacho a recoger según él, lo que no era más que una torta cruda de llenas, clara y cascaras… Como pudo se repuso de su vergüenza y pena, al levantar los ojos, una mirada le segó por un instante, la cual le cautivo el corazón, no supo que mas decir, que mas hacer, solo sintió a todos su ser estremecer cuando con una voz de ángel, la chica le dijo: No te preocupes, comprare otra docena más, el tomo el dinero que llevaba y pago por ellos, luego sin decir, ni preguntar nada la acompañó hasta la casa de la muchacha. Al llegar a la puerta se despidió, dándole la mano todavía con restos de aquella torta que había quedado en el suelo. No le pregunto su nombre, no le dijo nada, pero aquella mira había sido fulminante…

Regreso a casa sin azúcar y sin dinero, la mama ya un tanto enfadada, le pregunto del porque de la tardanza, apenas pudo inventarse una explicación creíble, pues le dijo que había ido de tienda en tienda y que en esa había perdido el dinero , la mama lo noto extraño, así que no insistió mas. A él, se le olvido el programa, no quiso comer, se fue directo al tejado, con su gato y su radio portátil de transistores a preguntarle a las estrellas, a pedirle consejo a la luna.

Los días subsiguientes, se inventaba cualquier pretexto para pasar por la calle de aquella chica, a diferentes horas, tratando de crear un encuentro casual, para poder volver a verla, era como un gato esperando a que el ratón salga de su guarida. Así le pasaban los días, pero ni sombras. Cansado de esperar y de preguntar, por unos días dejo de insistir. Quizás había sido una visita causal a algún pariente o la amiga de alguna muchacha, le resultaba extraño, pues La Colonia, era como un pueblito a poca distancia de la ciudad, donde todos se conocían. Pese a su decepción por no poderla encontrar, no podía olvidar su mirada, esos ojos con la luz de las estrellas… Fue un sábado de los primeros días de diciembre, cuando sus amigos pasaron por él como siempre, para ir a aplanar las calles y si encontraban un repaso ir a bailar. Aquel grupito de muchachos iban por la quinta avenida, sin rumbo, cuando otro grupito les dijo: Mucha hay repaso por la Isla, vamos… Y sin más palabras los dos grupos se apresuraron al lugar, pasarían por su calle, la calle que de la chica de los ojos lindos, al aproximarse sin poderlo evitar sintió un acelerón del corazón y como que una mano le apretara el pecho. Pero no la vio y siguieron de largo, ante la gana de pasar frete a la casa. Llegaron donde era el repaso, pero estaba lleno a reventar y no se podía entrar, por lo que se quedaron afuera escuchando la música y viendo como estaba el panorama, luego de un rato, poco a poco fueron entrando ante la insistencia de algunos de los del grupo, pues por la ventana había vista a una chicas que les habían gustaba o como decían los muchachos .Como pudieron se abrieron camino, las muchachas y los muchachos como podían bailaban tratando de hacer alarde de los nuevos pasos que habían aprendido, entre machucón y machucón se instalaron en un rincón de la sala, entre broma y broma, echando ojo a las muchachas, comentaban entre sí, cuando de repente en medio de las luces de colores de los focos envueltos en papel celofán, Miguel Alejandro se volvió a encontrar con aquella mirada cautivante, pero estaba acompañada bailando con un muchacho que la miraba con tanta atención, en cuestión de segundos entablo un dialogo de preguntas y respuestas consigo mismo, que fue interrumpido por el codazo de una de sus amigos, que le dijo: ¡Vos, Miguel Alejandro!, vos mira como te mira la patoja aquella vos, ¡Esta chilera mano!, cáele, no le hace que este acompañada. Sera vos le replico. Si hombre, nosotros le decimos al cuate que alguien lo llama y vos la invitas a bailar. Pero si no se bailar, les contesto. No le hace, en fin entre el montón quien se va a dar cuenta, vos ¡No te agüeves mano! ¡Llégale a la guisita, que esta chilera! Pero antes que ellos actuaran, ella se lo despacho, quien sabe con qué pretexto y se fue a parar justo frente a él y le guiño el ojo y le sonrió, al verlo, él se puso nerviosos y sin saber qué hacer, mas de empujón en empujón y palabras de ánimo, llego frente a ella y la invito a bailar, ella accedió y el cómo pudo dio sus primeros tanes(intentos) en el baile, el cual era evidente no era unas de sus talentos, mas al ver que a ella eso no le importaba, siguió bailando, poco a poco fue tomando confianza, fue como si se crease una atmosfera donde solo estaban ella y el. Él le dijo su nombre, ella también, intercambiándose miradas y sonrisas, conforme caía la noche el ritmo de la música fue sediento a la música más suave, lo cual lo ponía en un verdadero aprieto, pues una cosa era bailar como gorila suelto y otra era tomarla de la cintura y sentirla cerca llevando el ritmo, un ritmo que él no sabía llevar, ella se dio cuenta y le dijo: No te preocupes yo te enseño. El trataba de seguirla, pero era como un trozo bailando, sus amigos entre risas y siendo cómplices lo animaban, haciéndole señas de que se acercara mas. Al notar que la presencia del grupo estorbaba, uno de ellos le dijo a los demás ¡Mucha estamos haciendo tierra! ¡Vámonos! ,así lo hicieron y se fueron uno a uno, para esperarlo en la cuadra y preguntarle cómo le había ido, mas antes de despedirse, uno de ellos le paso dando con disimulo un ticket con el famoso numero 21, el lo agarro rápidamente y se lo metió a la bolsa, ella se dio cuenta y con esa sonrisa picara de complacencia que hacen las chicas, hizo como que no vio. Ellos se fueron y él se quedo junto a ella un rato más, hasta que la hermana de ella, le dijo que era horade irse, la hermana le dijo que podía acompañarlas, ella se adelanto con el amigo que ella iba y ellos sé fueron detrás conversando… Al llegar a la casa de las chicas se despidieron, sin querer despedirse, pues ambos sabían que allí se empezaba a escribir una historia, su historia…

Oxwell L’bu
Foto: Lissette Fernandez

***Con alas de Papel y Colores***

***Con Alas de papel y Colores***


Son el claro reflejo de ese
anhelo incesante de los
hombres por querer volar.

Papelitos de colores pegados
con la ilusión de un niño,
que une los elementos de
la naturaleza para echar
los sueños a volar…

Y en los campos con aroma
a eterna primavera,
los patojos corren por la
verde vereda,
para despegar los zapatos
del suelo…

Y poco a poco ir ganando altura,
el viento de noviembre se confabula,
para que los barriletes cubran al cielo
de colores.

Los patojos saltan llenos
de alegría y emoción,
al ver que sus sueños le
rascan la nariz al sol.

El abuelo ve desde la casa
que los patojos han aprendido
la lección: ¡Y es que hay mas
de una manera para treparse
al cielo…

Se tapiza el horizonte con
los sueños de los patojos,
y al verlo más de un hombre
sueña con volver a ser niño…


Oxwell
Foto: Internet

miércoles, 10 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte III"

“Vientos de Vacaciones Parte III”


(Historias de La Colonia)

Con la cercanía de las fiestas de fin de año, algunos de los muchachos y muchachas optaban por trabajar durante las vacaciones, no solo para ayudar a sus familias, sino también para procurarse el estreno de navidad.

Durante el día las patojas y patojos eran los reyes de las calles, estas eran inundadas no solo por sus juegos, también por sus carcajadas y esa alegría que todo lo pinta de colores. Pero al caer la tarde, uno a uno los enamorados empezaban a sumarse…Parejas tomadas de la mano, otros esperando a la novia en la esquina o en una estación de autobús, otros regresando junto a los adultos después de una jornada de trabajo. Al tenderse el manto de la noche, el cielo se tapizaba de estrellas y en el firmamento se veían las montanas y el coloso volcán, en el cielo la luna con la cara tiznada miraba a las parejas de enamorados y a los que recién despertaban a esos llamados de la vida, que los sacaba de su guarida y los hacía ir de casaría, recorriendo las calles de la colonia.

Algunos optaban por irse a “sextear” como se le solía llamar a ese paseo por toda la sexta avenida de la capital. Yendo de vitrina en vitrina, para ver no solo las novedades de los almacenes, sino también a las vacacionistas que recién acababan de guardar la falda escolar.

La nueva onda del patinaje entusiasmaba a la juventud, que cuando el presupuesto lo permitía, abarrotaban las llamadas “pistas de patinaje” donde patinaban, haciendo maromas al ritmo de la música para llamar la atención de las muchachas que no pocas veces acababan en un tremendo somatón… Dado que no todos tenían esa habilidad de patinar sin caerse, era común ver a los patojos y muchachos ensayando en los callejones de la colonia, en los que pese a las caídas no disminuía su entusiasmo. Los llamados repasos seguían a la orden del fin de semana los cuales se disputaban la atención de aquella generación que amaba el baile, pero a la que aquella moda empezaba a empatinar. La música y el ambiente que reina en las pistas de patinaje eran como un imán, para aquella muchachada, que buscaba puntos de reunión donde esquivaran la mirada inquisitiva de las mamas de las muchachas. Los pistas más frecuentadas por la cercanía a la Colonia, eran el Resbalón (que estaba en el Centro Comercial Montserrat en la Calzada San Juan) y El Corralón (en la calzada Roosevelt). Tanto para ir como para regresar y hacer que el dinero rindiera, más de alguno, se colaba (subirse sin pagar) en la puerta trasera de la camioneta, para ahorrarse los cinco centavos que costaba el transportarse por aquel tiempo, alguien se preguntara, pero que compraba cinco centavos, pues una bolsita de Tortix, un chocolate, un par de cigarrillos (pues los vendían sueltos) en fin. Algunos hasta caminaban de la Colonia a la calzada san Juan de ida y vuelta, para ir a comprar los ya extintos discos de 45 RPM los cuales de cada lado tenían una canción, para tener la música del momento, para los repasos. Algunos otros se pasaban hasta horas de la madrugada esperando, que el programador de turno se durmiera o se le olvidara poner la señal de identificación de la estación de radio, la cual ponían justo al iniciar la canción, cosa muy común en aquellos días para disuadir las copias que se hacían en los casetes.

Los años ochenta traían sus vientos de cambio, no solo en cuanto a la música y las modas, también en el ambiente socioeconómico y político que aquella generación enfrento en medio de ilusiones, sueños y el recuerdo del primer amor.

Oxwell L’bu
Fotos: Internet


domingo, 7 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte II"

“Vientos de Vacaciones Parte II”


(Historias de La Colonia)

El frio de los últimos meses del año lo abrigaba el calor que se sentía al recorrer las calles de la Colonia, con sus callejones de casas iguales y legiones de patojas/os y muchachas/os que invadían las calles y las impregnaban de alegría con sus juegos, música y ocurrencias.

El paso de las colegialas que atraían las miradas de los muchachos al pasar se tomaba un receso dando paso a otros atributos que atraen las miradas cuando se cambia el uniforme por unos jeans… “Como ramilletes de flores eran las muchachas y los muchachos como luciérnagas azules en busca de la flor más bonita de donde era difícil escoger entre tanta rosa vestida de mujer en aquel inmenso jardín”. Pero como suele suceder en aquellos primeros años de adolescencia, la paciencia es algo con lo que tienen que bregar los chicos cuando ven a las chicas crecer con esa prisa que los va dejando atrás. ..

La música disco se escuchaba de casa encasa, donde algunos ensayaban los pasos que aprendían viendo en la televisión y con los que pretendían impresionar en el próximo repaso (fiesta) al que esperaban asistir el siguiente fin de semana, que solía iniciar los viernes al caer la tarde y terminar el domingo al atardecer. Todos los días era igual, por las mañanas los barones pintando la fachada de las casas o haciendo alguna reparación, las jovencitas ayudando en el que hacer de la casa o yendo al mercado, cuyo regreso se hacia una eternidad dado que siempre se encontraban con una amiga con quien platicar o algún muchacho que las pretendía. Esas idas a la tienda se constituían en citas relámpago cuya espera para los muchachos se hacia una eternidad. Por las tardes algunos de los chicos salían, como se solía decir “A aplanar las calles” con sus radios en mano escuchando música pretendiendo llamar la atención de las muchachas, otros en cambio se reunían en las esquinas de las cuadras a “chulear” (decir piropos, enamorar) a las muchachas que pasaban rumbo a la tienda. Los patojos por su parte eran mudos testigos de aquellos cortejos de enamorados.

Llegado el viernes a chicas y chicos les picaban los pies, por ir a bailar, al ritmo de la música de los Bee Gees, Tavares, Santa Esmeralda, Andy Givee, Rollins Stones, Queen, Boston y otros. En aquellos días los muchachas y muchachos recorrían las calles de La Colonia en busca de fiesta con la pregunta recurrente: ¿Mucha saben donde hay repaso hoy” y bastaba una indicación para que una sala vacía, se llenara a reventar .La creatividad de los muchachos de La Colonia no se hacía esperar, pues habían casas en las que se armaban autenticas “Discotecs “ que hasta tenia nombres como: Destroyer Disco, Estudio 54, Boston, donde a fuerza de ingenio decoraban la sala de la casa(ante la mirada inquisitiva de los papas y una que otra inconformidad), con posters fluorescentes de los grupos del momento que dibujaban a mano copiándolos con tal fidelidad de las portadas de los discos de acetato, revestían de papel celofán las bombillas desnudas, construían sus propias esferas de espejos así como sus juegos de luces multicolores , no faltaban los que construían con cartón y madera la cabina donde estaba el aparato de sonido, donde alguno de los muchachos le hacía de DJ. Los pequeños discos de acetato (discos de 45 RPM) pasaban de mano en mano, de repaso en repaso. Algunos se procuraban vestuarios a la moda, aun aquello era lo que menos importaba.

Aquellos repasos se realizaban en un ambiente sano, donde quizás lo más osado, era ver por primera vez a algunos de los amigos fumar un cigarrillo de tabaco. La música en ingles, se combinaba con música tropical para darle ese toque latino.

Para muchos de aquella generación, los llamados “Repasos” se constituyen en más que memorables recuerdos de juventud, ya que al evocarlos les vienen imágenes de aquel primer amor, que ha quedado en el tiempo y la distancia, o más aun fue en uno de aquellos repasos donde conocieron al hombre o la mujer con la que hoy comparten sus vidas.

Oxwell L’bu
Fotos: Internet


sábado, 6 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte I"

“Vientos de Vacaciones Parte I”


(Historias de La Colonia)

Los patojos contaban los días, las horas y algunas hasta adelantaban el reloj para ganarle tiempo al tiempo, comiendo ansias por salir de vacaciones y dejar atrás los horarios, las tareas y ese monstruo que se agiganta cuando llegaban los exámenes de finales de año.

El esplendoroso volcán sigiloso contemplaba los campos de futbol donde se levantaban las polvaredas debido a los vientos de noviembre que celebran cuando se elevan los alegres barriletes y tapizan de alegría y color el cielo azul. A partir del último día de clases al dar las primeras horas de la mañana, las calles se vestirán de juegos y de vez en vez de alguna que otra riña…Era como cuando en la escuela suena el timbre del recreo y los patojos salen despavoridos a jugar; sus gritos de alegría resonaban en las montañas y las calles se transformaban en un gigantesco campo de recreo.

La temporada de base bol en las finales, que siempre era entre los Dodgers de Los Angeles y Los Yankeess de New York y la estupenda narración de el Sr. Abdón Rodríguez Zea que con su estilo tan particular hacia vibrar de la emoción a chicos y grandes, nunca faltaba el tema de la serie, que era una canción de música salsa, cumbia o merengue. Durante ese tiempo allí estaban los patojos pegados al televisor, mientras las mamas protestando en espera de su novela. Al día siguiente salían con sus palos de escobas por bates y sus pelotas hechas de papel periódico y trapos envueltos en una media vieja de mujer , por bases piedras, asiendo caso omiso a las reglas del juego imitaban las jugadas y se divertían de lo lindo, mas allá otros jugando futbol, otros yendo a los barrancos (El de las Guacamayas o el de Lo de Bran) en busca de cañas bambú para construir los barriletes, aventurar en la espesura de la vegetación o simple y sencillamente jugar en las posas de agua clara . Las patojas por su parte saltando en grupos la cuerda, jugando tenta o con sus clásicos cantos, que aun cuando se entraran a casa quedaban resonando en los oídos. Todo aquello era una fiesta, una fiesta de niños jugando, saltando, gritando, retozando en las calles, las mamas peleando para que entren a comer, ellos entrando a regañadientes y atragantándose, ante la prisa para salir a seguir jugando o a escuchar las historias de Don Quique en la esquina de la cuadra.

¡Ah! Tantos juegos que poco a poco se van quedando al olvido y cuyos juguetes en poco tiempo pasaran a ser piezas de museo, como los trompos, los cincos o canicas, el capirucho y las ya legendarias bicicletas californianas que los patojos se las prestaban entre sí, pues no todos tenían una o las acrobacias que hacían algunos en las patinetas (monopatines) en las planchas de cemento que quedaron de recuerdo de la visita de los gringos después de aquel 4 de febrero del 1976 cuando un terremoto sacudió Guatemala.

En aquel tiempo era como si todos los días fuera domingo, no había que esperar el fin de semana, porque la semana solo tenía un día y ese día se llamaba “Felicidad” en el que lo único que cambiaba era el juego que se jugaba.

Oxwell L’bu