domingo, 26 de diciembre de 2010

"Aquellas Navidades en mi Barrio"

“Aquellas Navidades en mi Barrio”


(Reseñas de Guatemala)

En aquel barrio feliz, de calles sencillas y casitas todas iguales, Navidad no era un día, pues se extendía durante todo el mes… No eran los regalos o las fiestas las que la hacían memorables cada Navidad, era ese espíritu de pertenecer, a una “Gran Familia” donde la alegría se celebraban en común y las penas y tristezas se compartían, todos conocían a sus vecinos, nadie se miraba como extraño, pues tenían y compartían ese pedacito de cielo…

Cada día era de celebración, por la amistad, por las cosas sencillas que vuelven cada momento inolvidable…Los patojos jugando por las calles, los muchachos tirando racimos de flores con sus palabras a las chicas que caminaban por las calles, otros pintando las fachadas de las casas, las mamas preparando el ponche y los tamales, la pierna, el lomo relleno y todo aquello que le da ese sabor a la “Navidad Chapina” que se añora en la distancia.

En las calles se sentían en una mescla deliciosas, los aromas del pino, la manzanilla y el incienso, en los jardines repletos de flores, cual si fueran niñas sonreían las pascuas, alguno que otro canchinflín revoloteaba silbando al aire la alegría de los patojos. Unas semanas antes de la noche buena, en las cuadras empezaba la colecta de casa en casa, para comprar el pino y los adornos para decorar la cuadra; también se empezaba a organizar los diferentes “Repasos” o fiestas de Navidad y de fin de año, que se hacían en las principales calles de la Colonia.

La semana de la navidad, casi todas las calles se vestían de fiesta, con flecos de colores que colgaban por sus calles y que cuando los tocaba el viento parecían estar bailando, las aceras de las calles pintadas con motivos navideños que solían durar algunos mese s, hasta que llegaban las lluvias y los iban lavando.


Llegado el 24 de diciembre, las casas parecían transpirar los aromas de la “Navidad Chapina”, los patojos pasa que pasa en la cocina, metiendo los dedos en la masa de los tamales o robándose los pedacitos de fruta para el ponche y allí estaban las mamas, sacándolos de la cocina. Las chicas probándose una y otra vez el estreno de navidad y ensayando su mejor sonrisa frente al espejo, mientras por la cornisa se les resbalaba la coquetería…Los muchachos ensayando sus además y pasos de baile o conversando en las esquinas, los papas aprovechando el descanso, para reconocer la casa de donde muchas veces eran los grandes ausentes por ese exceso de trabajo, al que los sometían sus obligaciones, pues esta vida con sus contradicciones ,les consumía el tiempo trabajando para darle a los suyos lo que ellos no tuvieron.


Para eso de las seis de la tarde todos se peleaban para ser los primeros en bañarse y luego estrenarse la ropa nueva, las mamas se plantaban en la cocina para no dejarlos entrar, pues deberían de esperar hasta el momento de la cena, los cohetillos se dejaban escuchar, esos aromas dejaban en el paladar un sabor que nunca en la vida se habría de olvidar…

Las calles se empezaban a cerrar, en la “Isla” y Octava avenida se preparaba la disco rodante Black Machine, en la 5 avenida y 18 Happy Disco, en la 20 bajando hacia el mercado Caribean Disco, y en otras calles y avenidas Music Power, total era que a lo largo y ancho de la Colonia la música vibraba en las calles y en los corazones, con canciones que marcaban una época y que con el tiempo embriagaban las memorias con nostalgias.

Aquella noche no faltaba quien despidiéndose (momentáneamente, pues se volverían a ver en poco más de una hora) de la novia, le dieran las doce de la noche, para luego salir volando entre cohetillos y canchinflines para estar en casa y dar el abrazo a la familia. Y como olvidar al padre Antonia Travadelo y sus misas de gallo, que te forzaban a estar hasta 5 minutos antes de las doce en la iglesia, pues como él decía: -No hay mejor lugar para celebrar que en la casa del “Nino Rey”.

Al dar las doce entre abrazos efusivos, aquel tronar de cohetillos, de mas, de media hora, la veladora y el incienso frente al nacimiento elevando una oración, para luego ir de casa en casa regalando abrazos y comiendo un poquito, para luego llegar a casa casi lleno, los patojos destapando sus regalitos, los papas mirándolos llenos de alegría y esperanza, los abuelos recordando con añoranza… Y en una mescla de aromas, sabores, colores y ese calor de la gente, era sentir como el amor de Dios se ha volcado en las calles en noche buena.

En la cena de navidad, no faltaban los brindis mesclados con las oraciones, los cantos, las canciones y un cumulo de emociones, que hacían que aquellos aromas y sabores se vuelvan inolvidables y marquen la vida. Pero una vez acabada la cena, los patojos se ponían a jugar y a quemar sus cohetillos, los muchachos de vuelta con la novia, las muchachas ensayando sus sonrisas y la música dispuesta para todos los invitados o no a la fiesta. En aquella noche que todos deseaban que fuera eterna, nacían nuevos amores, crecían nuevas esperanzas y las alegrías eran rosarios compartidos de todos aquellos años vividos.


Al día siguiente, que era mañana de desvelados, los patojos salían desde temprano con una bolsa en mano, en busca de los cohetillos que no habían reventado, para luego armar sus guerritas de cohetillos y canchinflines, donde más de alguno pagaba el precio, por ver con desprecio el poder de la pólvora… Los mayores despertaban un poco más tarde a repetir lo de la cena y alguno que otro muchacho preguntándose si lo vivido la noche anterior, no sería un sueño. No faltaban los repasos del día de navidad en la casa de algún vecino.


Aquellas navidades del barrio, se hicieron inolvidables, NO por el exceso y abundancia, si no por ese espíritu de compartir…Se quedaron impregnadas en el alma, por el aroma de esos recuerdos que son recurrentes cuando te recuerdas y te parece que fue ayer.

Oxwell L’bu
Fotos: Matz Sagas

lunes, 20 de diciembre de 2010

***Postal Navideña***

 ***Postal Navideña***


Han pasados tantos años
y tu presencia sigue latente,
aquí en mi alma y en mi mente.

Voy por las calles dejando que
los aromas de navidad impregnen
mi alma y me llenen de esa inspiración
que emociona al corazón…

Pero tu recuerdo es algo que no
consigo arrancar de mí…
Ya lo he flagelando imaginándote
feliz del brazo de otro…

Y ¡Como duele!
Y se desgarra mi alma solo de imaginarlo,
le he pedido mil treguas al recuerdo,
pero este sea enraizado en mi corazón,
cual si fiera hiedra…

Veo las lucecitas de color que en la
obscuridad de la noche brillan
como si fueran estrellas…
Pero aquí en mi corazón hay una
obscuridad que solo puede iluminarla
la luz de tu presencia.

Cada diciembre trae a mi mente
esa postal donde te veo acurrucadita
a mi pecho en los días de frio invierno.

Postal donde la felicidad reina
y tú con ella…
Postal que contiene los días
más felices de mi historia.

Postal que no se ha desdibujado
en mi memoria…
Porque aun que estas ausente
de alguna forma tú sigues presente.

Presente…
En cada canción que escucho,
en cada sonrisa que comparto,
en cada aroma, en cada sabor.

Pues dejaste en mi boca
el sello de tu presencia
y ese licor que me embriaga
de ti…

Quisiera dejarte en el olvido,
pero el tiempo me ha demostrado,
que ese no es un lugar para ti.

Que en el epilogo de mi historia
tu vivirás presente hasta que
este corazón deje de latir…

Oxwell L'bu

jueves, 16 de diciembre de 2010

"Posadas Guatemaltecas"

“Posadas Guatemaltecas”


Hablar de posadas, es más que hablar, de religión, tradiciones y costumbres, es de alguna forma remontarnos de una parte de nuestra historia y de lo que habla de alguna forma de nuestra identidad. Sus orígenes se enmarcan en una de las ciudades más bellas del mundo, la de “Santiago de los Caballeros de Guatemala” hoy Antigua Guatemala.

Fue por aquellas calles de piedra, donde el hermano Pedro de San José de Betancourt introdujo, aquella costumbre de origen español, en el anochecer de un adviento de aire templado, con las calles iluminadas por farolitos, que colgaban del techo de las casas…Aquello era una pequeña peregrinación, que recorría las principales calles de “La ciudad de Piedra” llevando en una pequeña anda, las imágenes de María y José, como una remembranza del recorrido de la “Sagrada Familia” de Galilea a Belén.

El tiempo transcurrió, mas sin embargo aquella tradición permaneció y se traslado también a la nueva capital de Guatemala, en el Valle de la Hermita. Y así esta costumbre se fue enraizando en nuestra cultura, generaciones tras generaciones han vivido el colorido y aromas de las posadas guatemaltecas.

Y así de barrio en barrio, de casa en casa se vive esa tradición en las calles de todo el país, desde Puerto Barrios a Escuintla, del Peten a Xela, de Sololá a las Verapases y Esquipulas…Cada región del país tiene sus particularidades de vivir este tiempo de adviento, así como las posadas, dada la riqueza cultural, lingüística, así como de los micro climas que se manifiestan en cada región.

En La Colonia, esta costumbre vino, junto a los primeros que llegaron a vivir, a aquella península incrustada en la metrópoli capitalina; las posadas inician año tras año en el adviento, del 15 al 24 de diciembre, mas los preparativos y organización, se hace con semanas de antelación, tanto los patojos, los jóvenes y los adultos les entusiasma esta celebración.

En aquellos años, tanto el Padre Antonia y los diferentes grupos y hermandades, se reunían para organizar las posadas, así como también el grupo 51 de los scouts de Guatemala, que tenía su sede en la única casa, que esta justo en la esquina de la 5 Ave. Y 15 calle (donde ahora, hay una tienda). El grupo 51 con su tropa de scouts, su grupo de Lobatos y Muchachas Guías, era uno de los grupos más grandes de la ciudad capital en aquellos años y por lo mismo contaban con el material humano, para realizar las posadas en grande, a lo largo y ancho de la Colonia. Y así se les miraba, en el mes de noviembre colectando periódicos viejos, para luego venderlos y así agenciarse del dinero necesario, que siempre suponen este tipo de celebración. Elaboraban con sus manos los farolitos de madera que forraban con papel celofán de color rojo y colocaban en medio una candela, armaban el anda y la decoraban bellamente y luego ponían las imágenes de San José y María, se hacían de los chinchines, los pitos y las caparazones de tortuga con que acompañaban, el recorrido del anda por las calles de la Colonia, con el tradicional conjunto de sonidos, hasta la puerta de entrada, donde sería recibida la posada. Aquello era una fiesta para los patojos, cantando villancicos en el recorrido, quemando cuetillos y a la distancia sintiendo el aroma de los tamales y del ponche de frutas. En el trayecto otros más se iban uniendo, pues todos eran bienvenidos, pues como decimos en buen chapín, “Si llegan más colados, se le echa agua al caldo”.

Al llegar a la casa que recibía la posada, a lo largo de la cuadra se quemaban cuetillos y todos salían de sus casas para unirse a la posada, el aroma de la pólvora se confundía con el de los tamales y el ponche…Y así daban inicio, aquel ritual, entre cantos y rezos:



Afuera:'

En nombre del cielo

Os pido posada

Pues no puede andar

Mi esposa amanda Adentro:

Aquí no es mesón

Sigan adelante

Yo no puedo abrir

No sea

Afuera:

No sea inhumano

Tenganos caridad

Que el Rey de los cielos

se lo premiará Adentro:

Ya se pueden ir

Y no molestar

Porque si me enfado

Os voy a apalear

Afuera:

Venimos rendidos

Desde Nazaret

Yo soy carpintero

De nombre José Adentro:

No me importa el nombre

Déjenme dormir

Porque ya les digo

Que no hemos de abrir

Afuera:

Posada te pide

Amado casero

Por sólo una noche

La reina del cielo Adentro:

Pues si es una reina

Quien lo solicita

¿Cómo es que de noche

anda tan solita?

Afuera:

Mi esposa es María

Es reina del cielo

Y madre va a ser

Del divino verbo Adentro:

¿Eres tú José?

¿Tu esposa es María?

Entren peregrinos

No los conocía

Afuera:

Dios pague, señores

Vuestra caridad

Y que os colme el cielo

De felicidad Adentro:

Dichosa la casa

Que alberga este día

A la virgen pura

La hermosa María



Luego los dueños de la casa, abrían la puerta, dejando entrar a “todos los invitados”, se rezaba la novena, para que después los patojos y grandes quebraran la piñata, sirviendo los tamales y el ponche. Más de una vez la muchachada aprovechaba para poner música y armas la parranda. Todo aquello es parte del colorido y sabor de la “Navidad Chapina”

Cabe destacar, que tiempo después las posadas han ido viendo cambios, en cuanto a lo forma en que se realiza, no así en su esencia, por ejemplo se empezó a montar el anda en un carro, el cual era seguido por una caravana de vehículos, los cuales bocinaban, tocaban los pitos, chinchines y la tortuga desde los carros…

Oxwell L’bu

***Evocaciones Navideñas***


***Evocaciones Navideñas***

Navidad de fantasía…
No fueron los juguetes recibidos
los que te hacen inolvidable,
fueron esos juegos compartidos,
con aquellos que como yo,
más de una vez nos quedamos
soñando tras la vitrina del almacén.

Navidad de fiesta…
No fueron los convivios o reuniones,
los que dejaron huellas…
Fueron esos momentos compartidos
con aquellos que hasta hoy puedo
llamar amigos.

Navidad de ilusiones…
Te evocan las canciones
que traen bailando bellas memorias,
aquellas bellas historias del primer amor
y el aroma de la hermosa doncella
que nos dejaba soñando despiertos.

Navidad de romance…
Fue el regalo de su presencia
y su esencia de mujer,
la que la volvió inolvidable.

Navidad de familia…
Fue el nido que dejamos por
correr tras un sueño,
que era el mismo que dejamos…

Navidad recurrente…
Esa que te pone a buscar
lo que dejaste ayer,
cuando te vez reflejado en tu hijo.

Navidad de nostalgias…
Cuando la distancia y el tiempo,
le ganan la carrera a tus recuerdos.

Navidad que trasciende…
Cuando dejas de afanarte
por lo que no tienes y comprendes
que el espíritu de esta fecha,
no está en los adornos y regalos,
si no en aquel que hemos dejado al olvido…
Que es quien le da sentido… Jesús de Belén.



Oxwell L'bu

viernes, 10 de diciembre de 2010

"Vamos a Sextear"

Vamos a sextear”


(Una Pequeña Reseña)

Como la Quinta avenida para Nueva York o la avenida Michigan para Chicago, toda ciudad tiene esa calle importante, que se vuelve emblemática de por diferentes circunstancias…Así para la “Tacita de Plata” la ciudad de Guatemala, la sexta avenida o “La Calle Real” (como se le llamo, antes de cambiar la nomenclatura de las calles a números, para hacer más fácil el encontrar una dirección) ha sido por muchos años, una de las avenidas más importantes de la ciudad, por ella pasan año tras año, desfiles y conmemoraciones chapinas como lo son el desfile bufo de “La Huelga de Dolores” de los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala, los principales Cortejos procesionales durante la Semana Santa, el desfile del 15 de septiembre en honor a la independencia del país.

Nadie sabe con certeza desde cuando, se acuño, el término “Vamos a sextear” que hace referencia, simple y sencillamente al hecho de dar un paseo por la sexta avenida de la zona 1 de la capital, hoy Centro Histórico. Lo cierto es que, en los años ochenta la patojada, los muchachos y los adultos lo decían como cosa común. Para principios de esa década los llamados centros comerciales, se podían contar con una mano en el país, más bien los almacenes más prestigiosos se desplegaban a lo largo de la sexta avenida, al igual que las salas de cine, que también las había en otras zonas de a capital y en el mismo centro de la ciudad.

Para los que Vivian cerca del centro de la ciudad, era un paseo recurrente, mas para aquellos que vivían “lejos”, constituía un paseo que con ansias se esperaba, principalmente los fines de semana. El “Anillo Periférico” el express way chapín, recién inaugurado por uno de los hombres más visionarios con que ha contado el país, el Lic. Manuel Colon Argueta (alcalde capitalino) estaba reservado, para el tráfico vehicular de particulares, no así para el transporte público, que continuaba utilizando las arterias principales de la capital, como la Calle San Juan, la calzada Roosevelt, la avenida Bolívar, la calle Martí, entre otras para llegar al centro de la ciudad.

Para los vecinos de la colonia, aquel viaje se hacía largo y tedioso, a pesar de contar con tres de las empresas de transporte público más grandes de la ciudad (por el número de unidades de transporte), que cubrían la ruta de la colonia al centro y otros puntos de la capital; posteriormente se sumaron los microbuses o ruleteros (transporte que nace luego del terremoto de 1974), pero las rutas eran largas y con mucho tráfico, principalmente en las horas pico. Pese a eso, los fines de semana, los patojos rogaban a los papas para que los llevaran a vitrinar (Ir a ver las vitrinas donde se exhibía la mercancía), principalmente a la Juguetería, que mostraba en sus vitrinas, lo último en juguetes, de los personajes que veían en la televisión o en una película de Hollywood. El gusto de los patojos era ver, pues para muchos de los padres los precios les resultaban prohibitivos…

Los muchachos por su parte, hacían sus ahorros, para ir a sextear, no solo por vitrinar, sino también para ver a las muchachas que trabajaban en los almacenes de moda. Y lo tediosos del camino, lo animaban contando chistes o chiflándole y piropeando a las muchachas que iban por las calles…

Ya por aquel tiempo la empresa EGA consiguió el permiso de la municipalidad, para abrir una nueva ruta que iba de la Colonia al parque central tomando como ruta el Anillo Periférico. Aquello supuso un gran avance, en cuanto al acercamiento, de la Colonia al centro de la ciudad, pues un viaje que antes duraba hasta 2 horas, ahora se realizaba en 30 minutos. Aparte de eso, los choferes que laboraban en dicha empresa (en su mayoría hombres jóvenes) dieron por instalar potentes equipos de audio en las unidades, lo cual para los jóvenes hacia el viaje más ameno, pues iban escuchando su música favorita, a través de las frecuencias de las emisoras de Radio Corporación Nacional, con sus emisoras FM 95 y FM Globo y otras estaciones como Doble SS Radio 560.


El paseo daba inicio en el parque Central, pasando por El Portal del Comercio, al nomas entrar se veían los rótulos publicitario de: la farmacia Klee(que más bien era una perfumería), La Juguetería de Chicos y grandes la alegría… También se veía el cine Sexta Avenida (que a eso de las seis de la tarde estaba abarrotado por hombres haciendo cola, pues exhibían películas para adultos), un poco más adelante se encontraban los cines Lux y luego el punto de reunión de la muchachada, el Centro Capítol, con sus salas de cine, boutiques y salas de juegos electrónicos en el sótano, las cuales eran la mayor novedad de principios de aquella década, ya que las maquinas de juego como el Atari eran productos prohibitivos para las grandes mayorías y otras consolas de videojuegos como Nintendo, Play Station aun no existían en el mercado. Dicho paseo continuaba por frete al Palacio de la Policía Nacional, el cine Tikal y solía finalizar en la 18 calle, justo donde se encuentra la Iglesia El Calvario.


La arquitectura de algunas de las edificaciones, el hecho de que solo una ruta de buses recorría, dicha avenida (la ruta 1), sus luces y vitrinas vistosas y decoradas y por supuesto la oportunidad de conocer otra gente, hacían de ir a sextear un estupendo pretexto para salir de casa y disfrutar de la ciudad incrustada en el valle de la Hermita.

Oxwell L’bu
Foto: Internet

sábado, 27 de noviembre de 2010

“La Quema del Diablo o Día de los Fogarones”


                                            “La Quema del Diablo o Día de los Fogarones”

(Celebraciones en la Colonia)

El verdor de los barrancos que rodean aquella península incrustada en el valle de la capital, se podía respirar, inundando las pupilas de los ojos de los patojos, que bajaban a ellos, inventando aventuras con su imaginación…

Al finalizar el siclo lectivo, a finales de octubre, se podía ver grupos de patojos bajando a los barrancos (el de Lo de bran y el de las Guacamayas), en busca de chiribísco (ramas secas) en anticipo a la quema del diablo o día de los fogarones, que año tras año se realizaba a lo largo y ancho de la capital guatemalteca el 7 de diciembre en la víspera al día de la Inmaculado Concepción(Celebración que según los historiadores data del siglo XVI) y que era el punto de partida de las fiestas de fin de año.

Todos los días se miraba a los patojos hiendo a los barrancos con los machetes en mano, algunos con mochilas y cantimploras como si fueran de excursión, allí se estaban horas y horas explorando un terreno por todos conocido, dejándose inundar por la naturaleza, para luego regresar con algunas ramas aun verdes, que ponían a secar en los techos, de duralita de las casa de la Colonia, así entre juegos y excursiones a esos lugares donde cada día se internaban en busca de nuevas aventuras les llegaba el día tan esperado, acumulando el chirivisco y juntando todos aquello que en la casa era inútil o que simple y sencillamente traía malos recuerdos(como ropa, libros de mala lectura, la tarjeta con malas calificaciones y todo aquello que fuera sinónimo de tristeza o desventura).

Llegado el 7 de diciembre (Día de los locutores en Guatemala) muy de mañanita los patojos de la cuadra se juntaban en los campos de la Colonia, para designar el lugar donde harían el mentado fogaron. Algunos se quedaban apartando el espacio, para que no lo ocuparan los patojos de las otras cuadras, los demás iban bajando poco a poco el chirivisco, acumulado en los techos de las casa y poco a poco lo iban juntando, hasta ir formando una fogata, a la que posteriormente se le irían agregando los objetos no deseados. Para eso de las cuatro de la tarde todos los espacios vacios, de los campos de la Colonia(Los campos de futbol del centro y de las Isla, los terrenos al lado de mercado), estaban ocupados por fogatas listas para ser encendidas, por los patojos que las rodeaban, en espera de la hora, como quien espera una fiesta.

Ante la impaciencia de los patojos y muchachos, el sol poco a poco se iba rindiendo a los encantos de la luna, preparándose para ir a dormir. Al dar las seis de la tarde, los patojos brincaban de alegría, mientras alguien encendía la fogata, aquel era el momento esperado, donde con la complicidad de la obscuridad mas de alguna chica quemaba las cartas que un día la llenaron de ilusión, pero que ahora no eran más que el recuerdo de desventura de un desamor… Otros incineraban sus rencores, sus tristezas y todo aquello que les aprisionaba el corazón y les amargaba la vida, echando sobre las brazas, algún objeto que era como un símbolo de purificación. La tierra bañada de obscuridad, en aquel momento se llenada de luz, la luz de los fogarones que hacía que las tinieblas salieran corriendo ante la alegría de los patojos y la esperanza de los adultos.

Quemando cuetillos, cantando canciones poco a poco se iban consumiendo los fogarones… La atmósfera era de alegría, mesclada con el humo de lo incinerado dejaba esa sensación de irse preparando para un nuevo nacimiento del “Verbo que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros” esta vez en el corazón.

Oxwell L’bu

Foto: Internet

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Las Guirnaldas de Adviento"

“Las Guirnaldas de Adviento”


Celebraciones en la Colonia

Los 80’s es una época que algunos les parece tan cercana y cada vez que la recuerdan les parece que fue ayer…Mas lo cierto es que han pasado 20 años y aun que como dice la canción: “sentir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada…”La verdad es que en este lapso de tiempo tantas cosas han cambiado, en esta época el internet, las redes sociales y muchas de las cosas que resultan tan comunes hoy en día, eran conceptos o ideas en desarrollo y ciertos artículos estaban reservados solo para ciertos círculos sociales, como es el caso de los teléfonos celulares…

Por este tiempo, la: Quema del diablo” o “Día de los fogarones” poco a poco dejaba de ser el punto de inicio para las fiestas de fin de año, dado que algunas celebraciones se fueron acuñando en el calendario, como el “Desfile Navideño” de la organización Paiz que se realizaba en zona 4 y 9 de la capital, el primer domingo de diciembre. En La Colonia, “los carismáticos” iniciaban la celebración de “Las Guirnaldas de Adviento”, que principiaba precisamente, el último domingo del mes de noviembre, siguiendo el calendario litúrgico de la iglesia, el cual establece este, como tiempo de espera, para el nacimiento de el salvador, siendo este periodo los 4 domingos antes de la navidad.

Dicha celebración se realizaba a lo largo y ancho de la Colonia, en cada uno de los 16 sectores en forma simultánea por cada uno de las comunidades que constituían el grupo “Jesús Resucitado”. Dicho esfuerzo constituía todo un reto en cuanto a logística, coordinación y administración de recursos materiales y humanos. Comenzando desde ese primer domingo de adviento La Colonia se vestía de fiesta, en una celebración que era ante todo una forma de llevar el mensaje que “Sin Jesús no hay navidad” en una sociedad donde el consumismo iba ganando terreno.

Para la celebración de Las Guirnaldas de Adviento, los carismáticos preparaban con antelación todos los aspectos que esta involucraban, desde los refrigerios que se daba a los asistentes (usualmente ponche de frutos, champurradas, golosinas), invitaciones, adorno y decoración de las calles, sonido e iluminación, y la elaboración de la guirnalda en sí. La participación de niños, jóvenes y adultos le daba a dicha actividad un ambiente familiar.

La guirnalda iniciaba cuando la noche tendía su manto, con entonación de cantos navideños (Campana sobre Campana, Blanca Navidad, Noche de Paz, Navidad de Papel, etc.), luego se hacia la presentación de la Guirnalda en si dando la explicación su significado ** (la cual se incluye al final de este articulo), después se procedía a la lectura del evangelio y un momento de oración, para finalizar con una convivencia con todos los vecinos y participantes.

Como es de esperarse, no todos los vecinos eran participes de aquellas celebraciones, pero no pocas veces jóvenes poco asiduos a la iglesia o personas reacias a las cosas de Dios, durante estas celebraciones encontraban la ocasión para acercarse a Él y empezar una relación personal.

La última celebración de las 4 guirnaldas de adviento (el último domingo antes del día de navidad), se hacía en la iglesia con la participación de las 16 comunidades que conformaban el grupo, a cada una de las cuales previamente había sido comisionada para la preparación de esta gran evento en el que se cuidaban todos los aspectos, dado la gran cantidad de personas que asistían y que siempre se esperaba la visita de personas de fuera, tanto religiosos, como laicos. Cabe destacar que la iglesia se engalanaba con un hermoso adorno en el altar mayor y las dos naves laterales, adorno en la cual participaban, una gran cantidad de jóvenes y adultos talentosos, con habilidades en electricidad, iluminación, manualidades, y la participación del arquitecto Hugo Stuart (quien también era director del coro) quien ponía al serbio de la comunidad sus habilidades y talentos. En este ultima guirnalda, entraban a la iglesia, viniendo desde su sector cada una de las comunidades portando su guirnalda en forma de procesión, entonando cantos navideños que eran secundados por el coro dentro de la iglesia, luego se apagaban las luces dejando que únicamente las velas que una a una se iban encendiendo, iluminaran el templo mientras se entonaban cantos navideños, luego se procedía a la celebración de la misa.

Muchas cosas han cambiado y seguirán cambiando, pero hay cosas en la vida que llegan para dejar huella y hacer una diferencia.

Oxwell L’bu

Foto: Internet

**Explicación del Significado de la Guirnalda de Adviento:

La guirnalda de adviento es una corona que se puede hacer con ramitas de ciprés, pino etc. La forma circular simboliza lo eterno de Dios; las ramas verdes, representan la esperanza de la vida eterna dada a nosotros a través de Jesús.

Las cuatro velas (tres moradas y una rosada), simbolizan las cuatro semanas de Adviento, y nos indican que Jesús es la luz del mundo, (Jn. 8:12-13). Las velas moradas muestran que el Adviento es tiempo de preparar, allanar, limpiar y de arrepentirse. En esta época nos apartamos del pecado para volver nuestros ojos al recién nacido que es Dios con nosotros, (Mt. 1:23).

La vela rosada (que se enciende el tercer domingo de Adviento). Nos recuerda que debemos estar alegres porque se va acercando el gran día de la Navidad (Mc. 1:2). Se suele poner también una imagen de la virgen María en medio de la guirnalda.

Las velas de la corona de Adviento se enciende en los momentos de oración de cada domingo a partir del cuarto domingo antes de la navidad, ya sean en familia, catequesis o en la celebración de la Misa.

Lo que no debemos olvidar acerca de la guirnalda de Adviento:

• Se enciende solo una vela en el primer domingo

• Dos durante la Segundo domingo

• La vela rosada se enciende en el tercer domingo

• Las cuatro se encienden el cuarto domingo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

“La Renovación Carismática Católica en la Colonia”

“La Renovación Carismática Católica en la Colonia”


(Reseñas de la Colonia Primero de Julio)

Eran los finales de los 70’s, una década muy convulsionada en el mundo, con el movimiento jipi, los conflictos internos, así como la agitación social y política en el mundo, a lo cual no era ajena La Colonia, los jóvenes en este época buscaban nuevos caminos que los condujeran a un mundo más justo, más humano… Lo cual se pone de manifiesto en las expresiones artísticas de la época, expresado en todos sus matices y un claro ejemplo lo constituye la música que se escuchaban, y lo que decían: “Ayer tuve un sueño fue sensacional los pueblos Vivian en paz…” (Ayer tuve un sueño del Grupo los Pazos), “Yo no puedo callar, no puedo pasar indiferente ante el dolor de tanta gente…” (Yo no puedo Callar del Grupo Comanche), Casas de Cartón en fin una gama de agrupaciones que ponían en sus liricas el clamor de aquella generación…

Por estos años, se abría paso entre criticas y no muy buenos ojos, un movimiento dentro del ceno de la iglesia católica, que venía a constituir una clara respuesta al clamor del Concilio Vaticano segundo, se trataba de los grupos de oración, conformados por laicos, cuya novedad era el redescubierto del Espíritu Santo, a través de un nuevo pentecostés. Por aquel tiempo fue el señor Julio Cabria (D.E.P) quien empezó en su casa los llamados Círculos de Oración, a los cuales poco a poco se fueron sumando principalmente jóvenes que se sentían atraídos por los cantos alegres de alabanza, así como por el estudio de la biblia lo cual se hacía de forma sencilla y personal. Por este tiempo se les une Salvador Gómez Yánez (Predicador y misionero Católico fundador de los ministros Trigo en Guatemala y Espiga en El Salvador) quien recién había dejado el Seminario Franciscano, para buscar un nuevo rumbo en su vida. El punto de reunión de aquellas primeras reuniones era la “Tienda Esquipular”. Cada vez la asistencia a dichas enseñanzas era mayor y la sala de las casa se hacía insuficiente, por lo que bajo el auspicio y acompañamiento del padre Antonio Travadelo (Párroco de la iglesia) las reuniones empezaron a ser dentro de la iglesia.


Aquel grupo poco a poco fue atrayendo más jóvenes, niños y adultos, llegando a ser tan numeroso, que se decidió por aquel tiempo, el tomar el modelo de comunidades de base, para que la evangelización se siguiera llevando a las calles continuando con las reuniones en las casas, así como dentro de la iglesia, una vez por semana, sin faltar la asistencia a la misa dominical.


Las primeras tres comunidades que surgieron fueron: Luz del Espíritu Santo, Hijos de María y Resurrección,(que conformaban el grupo “Jesús Resucitado) las cuales se encargarían de atender, tres sectores de La Colonia, siendo los primeros coordinadores: Mario Lima, Teresa Bautista(Hija del Director y fundador del Colegio Justo Rufino Barrios) y Rolando Zarceño( Predicador y misionero católico). Para los años ochentas el grupo fue creciendo a pasos agigantados, ya por este tiempo, muchos de los que llegaron a La Colonia siendo niños o naciendo en ella ya cursaban el diversificado o empezaban sus primeros años de educación universitaria. Ante el crecimiento del grupo se decidió ir fundando más comunidades 16 en total, (Camino Verdad y Vida, Eben Ezer, Jerusalén, Juventud Cristiana, Sagrada Familia, Cristo Rey, Eucaristía, Samaria, Ave María, Santa María) las cuales fueron diseminadas a lo largo y ancho de La Colonia.

Ya por este tiempo la presencia de “Los Carismáticos” como se les solía llamar era evidente en toda la Colonia, ya que se les veía semana tras semana, repartiendo invitaciones (que eran tarjetas de invitación de esas que se reciben para las fiestas hechas mano) para las reuniones que tenía en la casa de alguno de los vecinos del sector (la cual se realizaba día viernes o sábado) aparte de la reunión de todo el grupo en la iglesia el día miércoles y la misa del domingo al medio día. Por otra parte para el tiempo de cuaresma realizaban el rezo del vía crucis por toda la colonia de casa en casa, donde se ponía un pequeño altar enfrente de las misma. Además por el mes de julio se realizaban los llamados “Juegos Carismáticos” en los cuales participaban los jóvenes en diferentes disciplinas deportivas. La celebración del aniversario del grupo era otro acontecimiento que no pasaba desapercibido dada la gran cantidad de personas que asistían, que la misma iglesia aun dada su gran tamaño, no se daba bastó para albergarlos. También se realizaba, una “Semana Eucarística” durante la cual la misa se hacía a en las calles de La Colonia en diferentes puntos (Frente a la Escuela Darío Gonzales, En la Ceiba cerca de la librería Dragón, en las canchas de básquet bol de la Isla, frente a la Ceiba del Mercado, frente al instituto Simón Bolívar/Primero de Julio, frente al dispensario y en la 24 al final de la Colonia) y por supuesto no se pueden dejar de mencionar “Las Guirnaldas de Adviento” que se celebraban a partir del último domingo de noviembre al último domingo antes de la Navidad .
                                                              

Es de mencionar que no todos los jóvenes de La Colonia participaban en dicho movimiento, algunos porque simple y sencillamente no les gustaba, otros por que participaban en otras denominaciones cristianas o religiosos, mas aun así no se puede negar la gran influencia que dicho grupo ha tenido dentro de la Colonia al punto que en poco tiempo, cuando la Renovación Carismática Católica de Guatemala decido reorganizarse en áreas, el área a la que pertenecía la parroquia junto a otras, se le denomino “Área Jesús Resucitado. De su ceno han surgido tanto vocaciones religiosas (como la del Padre Miguel quien falleciera en la republica de El Salvador, rescatando a un joven de ahogarse), como laicos comprometidos, como Juan Mancilla, Oscar Rosales (colaborador en programas de radio en Radio Estrella), Geovanni Blanco (Misionero y cantante católico) y como se menciono anteriormente a Salvador Gómez y Rolando Zarceño. Al igual que toda organización humana, el grupo de renovación Carismática en la Colonia ha tenido sus momentos de esplendor y en este tiempo quizás no lo sea, pero no se puede negar sus contribuciones a la formación de los Jóvenes en la Colonia aun en nuestros días.

                                                                             

 Oxwell L'bu                                                                            

jueves, 18 de noviembre de 2010

"cortejo en las Calles" (Cambiame un 21)

“Cortejo en las Calles”


(Cámbiame un 21)

El aroma de las flores se podía respirar por aquellas calles, donde los muchachos en las esquinas se reunían, para ver a las muchachas pasar o simple y sencillamente para conversar, de vez en vez más de uno, se iba sin despedirse del grupo, tras la chica que le quitaba el sueño y que poco a poco se iba convirtiendo en su tormento, pues no encontraba la forma de llamar su atención…Las palabras bonitas acaso le arrancaba una sonrisa o la burla del grupo, luego de regresar como perro con la cola entre las patas…

En aquel inmenso jardín en pleno abril, habían tantas flores cada una con su encanto, pero siempre había una que se volvía obsesión, pues sin darte cuente te roba el corazón. Nunca faltaba quien se enamorara de una de las chicas con las que recién había cursara el sexto grado de primaria y como siempre sucede, ellas con esa prisa por crecer dejan a los varones atrás, al punto que en poco tiempo se sienten como enanos frete a ellas…

Mas para esas cosas del amor, la creatividad de los muchachos no tiene límites, como bien es sabido a los números siempre se les han atribuido diferentes significados y propiedades, claro aparte del valor que representan, así tenemos que para algunas culturas el número 13 es de malos augurios o mala suerte, por los que los muchachos para referirse al mismo sin mencionarlo, le llaman el “Gracias” el 7 que es un número cabalístico y tiene connotaciones de buena suerte o el 3 que denota tiempo suficiente( por eso nos dicen: voy a contar hasta tres…) por lo que a alguno se le ocurrió, darle al “21” la connotación de la solicitud de un beso(como quien dice “Hoy estoy de suerte y ya te he dado tiempo suficiente “para pensarlo…).

En los autobuses públicos por esos tiempo, al pagar el pasaje, se le daba un ticket al pasajero, ticket que de vez en vez cuando subía el inspector de la línea de buses, lo pedía, para cerciorarse, de que todos habían pagado su pasaje y lo cortaba a la mitad. Dichos tickets venían numerados en orden correlativo y la forma de formar el mentado 21 era, sumando uno a uno los dejitos y si estos sumaban 21, pues el ticket podía ser canjeado por un beso por la niña de tus sueños. Así era que los muchachos, al subir al bus lo primero que hacían era sumar los dígitos y si era el 21, aun que el inspector los bajara, no soltaban el mentado ticket.

Miguel Alejandro era uno más de los muchachos de la cuadra, amigo de todos, pero un amante de la soledad, le gustaba al caer la tarde subirse al tejado de la casa, para ver las estrellas y escuchar música romántica en su radio a transistores y su gato. Soñaba despierto con el día, en que encontrara a esa niña que le robaría el corazón, no sabía quién era, pero tenía la certeza de que en cualquier rincón del planeta ella también lo esperaba, con las mismas ansias que él la anhelaba. Como todos los chicos de su edad, le gustaba ir a los repasos(bailes) y ver bailar a las chicas. Se moría de las ganas por sacar a bailar a una y sentir cerca su respiración, pero no sabía bailar, no tenía esa gracia, por más que lo había intentado hasta con las escobas, siempre se tropezaba, así que prefería ver . Le gustaba la música en español e ingles y aun que esta no la entendía, se inventaba la letra, una que expresaba los sentimientos de su corazón… Porque eso sí, Miguel Alejandro para escribir, se las pintaba solo y más de una vez de su inspiración brotaron las cartas de amor, con las que sus amigos enamoraron a sus novias, pues a solicitud de ellos, el era algo así el poeta anónimo del cortejo de los amigos. Eran cartas llenas de imaginación y poesía, cartas escritas pensando en la niña que aun no conocía… Y como todos también guardaba los mentados 21 cuando tenía la fortuna de que uno de ellos caía en sus manos, los atesoraba en una billetera vieja, donde portaba mas papeles que dinero.

Veía como cada uno de sus amigos se iba empatando con alguna chica, ellos le decían, que se animara que habían tantas florecitas bellas para escoger en aquel jardín, pero el cómo podía se hacia los quites y salía del asecho. Aun que más de una vez sentía esa melancolía de la soledad , a veces sentía esas ganas de adelantar las manecillas del reloj para propiciar aquel encuentro, que no veía venir y se preguntaba si aquello no era más que el fruto de sus idealizaciones… Mas seguía esperando y puntual a su cita con las estrellas y la luna.

Los vientos de fin de año y ese frio que pide a gritos unos brazos para abrigarlo, le traían una ansias que apenas lograba disipar, al escuchar las canciones que hablan de amor o ver una pareja de enamorados pasar, le hacía sentir, que en su vida le faltaba esa clase de cariño. Era aun un niño, que espera con toda la ilusión del mundo a que todo eso llegara. Por las calles se veía a los muchachos cortejando a las muchachas, principalmente cuando estaban en grupo, como que eso les inyectaba una dosis de valentía que cuando estaban solos no tenia, pues al parecer en las cosas del amor las chicas tenían más coraje y determinación.

Una tarde de esas, cuando las prisas por no perderse el programa de televisión favorito, hace que los muchachos salgan corriendo a hacer el mandado a la tienda, mientras pasan los comerciales… Miguel Alejandro fue por azúcar, pero en la tienda de la esquina no había, ni en la de la vuelta de la manzana, en fin corrió de tienda en tienda sin poder encontrar, en esas prisas andaba, cuando se choco con alguien ,a quien le boto la docena de huevos que llevaba, disculpándose y apenado, se agacho a recoger según él, lo que no era más que una torta cruda de llenas, clara y cascaras… Como pudo se repuso de su vergüenza y pena, al levantar los ojos, una mirada le segó por un instante, la cual le cautivo el corazón, no supo que mas decir, que mas hacer, solo sintió a todos su ser estremecer cuando con una voz de ángel, la chica le dijo: No te preocupes, comprare otra docena más, el tomo el dinero que llevaba y pago por ellos, luego sin decir, ni preguntar nada la acompañó hasta la casa de la muchacha. Al llegar a la puerta se despidió, dándole la mano todavía con restos de aquella torta que había quedado en el suelo. No le pregunto su nombre, no le dijo nada, pero aquella mira había sido fulminante…

Regreso a casa sin azúcar y sin dinero, la mama ya un tanto enfadada, le pregunto del porque de la tardanza, apenas pudo inventarse una explicación creíble, pues le dijo que había ido de tienda en tienda y que en esa había perdido el dinero , la mama lo noto extraño, así que no insistió mas. A él, se le olvido el programa, no quiso comer, se fue directo al tejado, con su gato y su radio portátil de transistores a preguntarle a las estrellas, a pedirle consejo a la luna.

Los días subsiguientes, se inventaba cualquier pretexto para pasar por la calle de aquella chica, a diferentes horas, tratando de crear un encuentro casual, para poder volver a verla, era como un gato esperando a que el ratón salga de su guarida. Así le pasaban los días, pero ni sombras. Cansado de esperar y de preguntar, por unos días dejo de insistir. Quizás había sido una visita causal a algún pariente o la amiga de alguna muchacha, le resultaba extraño, pues La Colonia, era como un pueblito a poca distancia de la ciudad, donde todos se conocían. Pese a su decepción por no poderla encontrar, no podía olvidar su mirada, esos ojos con la luz de las estrellas… Fue un sábado de los primeros días de diciembre, cuando sus amigos pasaron por él como siempre, para ir a aplanar las calles y si encontraban un repaso ir a bailar. Aquel grupito de muchachos iban por la quinta avenida, sin rumbo, cuando otro grupito les dijo: Mucha hay repaso por la Isla, vamos… Y sin más palabras los dos grupos se apresuraron al lugar, pasarían por su calle, la calle que de la chica de los ojos lindos, al aproximarse sin poderlo evitar sintió un acelerón del corazón y como que una mano le apretara el pecho. Pero no la vio y siguieron de largo, ante la gana de pasar frete a la casa. Llegaron donde era el repaso, pero estaba lleno a reventar y no se podía entrar, por lo que se quedaron afuera escuchando la música y viendo como estaba el panorama, luego de un rato, poco a poco fueron entrando ante la insistencia de algunos de los del grupo, pues por la ventana había vista a una chicas que les habían gustaba o como decían los muchachos .Como pudieron se abrieron camino, las muchachas y los muchachos como podían bailaban tratando de hacer alarde de los nuevos pasos que habían aprendido, entre machucón y machucón se instalaron en un rincón de la sala, entre broma y broma, echando ojo a las muchachas, comentaban entre sí, cuando de repente en medio de las luces de colores de los focos envueltos en papel celofán, Miguel Alejandro se volvió a encontrar con aquella mirada cautivante, pero estaba acompañada bailando con un muchacho que la miraba con tanta atención, en cuestión de segundos entablo un dialogo de preguntas y respuestas consigo mismo, que fue interrumpido por el codazo de una de sus amigos, que le dijo: ¡Vos, Miguel Alejandro!, vos mira como te mira la patoja aquella vos, ¡Esta chilera mano!, cáele, no le hace que este acompañada. Sera vos le replico. Si hombre, nosotros le decimos al cuate que alguien lo llama y vos la invitas a bailar. Pero si no se bailar, les contesto. No le hace, en fin entre el montón quien se va a dar cuenta, vos ¡No te agüeves mano! ¡Llégale a la guisita, que esta chilera! Pero antes que ellos actuaran, ella se lo despacho, quien sabe con qué pretexto y se fue a parar justo frente a él y le guiño el ojo y le sonrió, al verlo, él se puso nerviosos y sin saber qué hacer, mas de empujón en empujón y palabras de ánimo, llego frente a ella y la invito a bailar, ella accedió y el cómo pudo dio sus primeros tanes(intentos) en el baile, el cual era evidente no era unas de sus talentos, mas al ver que a ella eso no le importaba, siguió bailando, poco a poco fue tomando confianza, fue como si se crease una atmosfera donde solo estaban ella y el. Él le dijo su nombre, ella también, intercambiándose miradas y sonrisas, conforme caía la noche el ritmo de la música fue sediento a la música más suave, lo cual lo ponía en un verdadero aprieto, pues una cosa era bailar como gorila suelto y otra era tomarla de la cintura y sentirla cerca llevando el ritmo, un ritmo que él no sabía llevar, ella se dio cuenta y le dijo: No te preocupes yo te enseño. El trataba de seguirla, pero era como un trozo bailando, sus amigos entre risas y siendo cómplices lo animaban, haciéndole señas de que se acercara mas. Al notar que la presencia del grupo estorbaba, uno de ellos le dijo a los demás ¡Mucha estamos haciendo tierra! ¡Vámonos! ,así lo hicieron y se fueron uno a uno, para esperarlo en la cuadra y preguntarle cómo le había ido, mas antes de despedirse, uno de ellos le paso dando con disimulo un ticket con el famoso numero 21, el lo agarro rápidamente y se lo metió a la bolsa, ella se dio cuenta y con esa sonrisa picara de complacencia que hacen las chicas, hizo como que no vio. Ellos se fueron y él se quedo junto a ella un rato más, hasta que la hermana de ella, le dijo que era horade irse, la hermana le dijo que podía acompañarlas, ella se adelanto con el amigo que ella iba y ellos sé fueron detrás conversando… Al llegar a la casa de las chicas se despidieron, sin querer despedirse, pues ambos sabían que allí se empezaba a escribir una historia, su historia…

Oxwell L’bu
Foto: Lissette Fernandez

***Con alas de Papel y Colores***

***Con Alas de papel y Colores***


Son el claro reflejo de ese
anhelo incesante de los
hombres por querer volar.

Papelitos de colores pegados
con la ilusión de un niño,
que une los elementos de
la naturaleza para echar
los sueños a volar…

Y en los campos con aroma
a eterna primavera,
los patojos corren por la
verde vereda,
para despegar los zapatos
del suelo…

Y poco a poco ir ganando altura,
el viento de noviembre se confabula,
para que los barriletes cubran al cielo
de colores.

Los patojos saltan llenos
de alegría y emoción,
al ver que sus sueños le
rascan la nariz al sol.

El abuelo ve desde la casa
que los patojos han aprendido
la lección: ¡Y es que hay mas
de una manera para treparse
al cielo…

Se tapiza el horizonte con
los sueños de los patojos,
y al verlo más de un hombre
sueña con volver a ser niño…


Oxwell
Foto: Internet

miércoles, 10 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte III"

“Vientos de Vacaciones Parte III”


(Historias de La Colonia)

Con la cercanía de las fiestas de fin de año, algunos de los muchachos y muchachas optaban por trabajar durante las vacaciones, no solo para ayudar a sus familias, sino también para procurarse el estreno de navidad.

Durante el día las patojas y patojos eran los reyes de las calles, estas eran inundadas no solo por sus juegos, también por sus carcajadas y esa alegría que todo lo pinta de colores. Pero al caer la tarde, uno a uno los enamorados empezaban a sumarse…Parejas tomadas de la mano, otros esperando a la novia en la esquina o en una estación de autobús, otros regresando junto a los adultos después de una jornada de trabajo. Al tenderse el manto de la noche, el cielo se tapizaba de estrellas y en el firmamento se veían las montanas y el coloso volcán, en el cielo la luna con la cara tiznada miraba a las parejas de enamorados y a los que recién despertaban a esos llamados de la vida, que los sacaba de su guarida y los hacía ir de casaría, recorriendo las calles de la colonia.

Algunos optaban por irse a “sextear” como se le solía llamar a ese paseo por toda la sexta avenida de la capital. Yendo de vitrina en vitrina, para ver no solo las novedades de los almacenes, sino también a las vacacionistas que recién acababan de guardar la falda escolar.

La nueva onda del patinaje entusiasmaba a la juventud, que cuando el presupuesto lo permitía, abarrotaban las llamadas “pistas de patinaje” donde patinaban, haciendo maromas al ritmo de la música para llamar la atención de las muchachas que no pocas veces acababan en un tremendo somatón… Dado que no todos tenían esa habilidad de patinar sin caerse, era común ver a los patojos y muchachos ensayando en los callejones de la colonia, en los que pese a las caídas no disminuía su entusiasmo. Los llamados repasos seguían a la orden del fin de semana los cuales se disputaban la atención de aquella generación que amaba el baile, pero a la que aquella moda empezaba a empatinar. La música y el ambiente que reina en las pistas de patinaje eran como un imán, para aquella muchachada, que buscaba puntos de reunión donde esquivaran la mirada inquisitiva de las mamas de las muchachas. Los pistas más frecuentadas por la cercanía a la Colonia, eran el Resbalón (que estaba en el Centro Comercial Montserrat en la Calzada San Juan) y El Corralón (en la calzada Roosevelt). Tanto para ir como para regresar y hacer que el dinero rindiera, más de alguno, se colaba (subirse sin pagar) en la puerta trasera de la camioneta, para ahorrarse los cinco centavos que costaba el transportarse por aquel tiempo, alguien se preguntara, pero que compraba cinco centavos, pues una bolsita de Tortix, un chocolate, un par de cigarrillos (pues los vendían sueltos) en fin. Algunos hasta caminaban de la Colonia a la calzada san Juan de ida y vuelta, para ir a comprar los ya extintos discos de 45 RPM los cuales de cada lado tenían una canción, para tener la música del momento, para los repasos. Algunos otros se pasaban hasta horas de la madrugada esperando, que el programador de turno se durmiera o se le olvidara poner la señal de identificación de la estación de radio, la cual ponían justo al iniciar la canción, cosa muy común en aquellos días para disuadir las copias que se hacían en los casetes.

Los años ochenta traían sus vientos de cambio, no solo en cuanto a la música y las modas, también en el ambiente socioeconómico y político que aquella generación enfrento en medio de ilusiones, sueños y el recuerdo del primer amor.

Oxwell L’bu
Fotos: Internet


domingo, 7 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte II"

“Vientos de Vacaciones Parte II”


(Historias de La Colonia)

El frio de los últimos meses del año lo abrigaba el calor que se sentía al recorrer las calles de la Colonia, con sus callejones de casas iguales y legiones de patojas/os y muchachas/os que invadían las calles y las impregnaban de alegría con sus juegos, música y ocurrencias.

El paso de las colegialas que atraían las miradas de los muchachos al pasar se tomaba un receso dando paso a otros atributos que atraen las miradas cuando se cambia el uniforme por unos jeans… “Como ramilletes de flores eran las muchachas y los muchachos como luciérnagas azules en busca de la flor más bonita de donde era difícil escoger entre tanta rosa vestida de mujer en aquel inmenso jardín”. Pero como suele suceder en aquellos primeros años de adolescencia, la paciencia es algo con lo que tienen que bregar los chicos cuando ven a las chicas crecer con esa prisa que los va dejando atrás. ..

La música disco se escuchaba de casa encasa, donde algunos ensayaban los pasos que aprendían viendo en la televisión y con los que pretendían impresionar en el próximo repaso (fiesta) al que esperaban asistir el siguiente fin de semana, que solía iniciar los viernes al caer la tarde y terminar el domingo al atardecer. Todos los días era igual, por las mañanas los barones pintando la fachada de las casas o haciendo alguna reparación, las jovencitas ayudando en el que hacer de la casa o yendo al mercado, cuyo regreso se hacia una eternidad dado que siempre se encontraban con una amiga con quien platicar o algún muchacho que las pretendía. Esas idas a la tienda se constituían en citas relámpago cuya espera para los muchachos se hacia una eternidad. Por las tardes algunos de los chicos salían, como se solía decir “A aplanar las calles” con sus radios en mano escuchando música pretendiendo llamar la atención de las muchachas, otros en cambio se reunían en las esquinas de las cuadras a “chulear” (decir piropos, enamorar) a las muchachas que pasaban rumbo a la tienda. Los patojos por su parte eran mudos testigos de aquellos cortejos de enamorados.

Llegado el viernes a chicas y chicos les picaban los pies, por ir a bailar, al ritmo de la música de los Bee Gees, Tavares, Santa Esmeralda, Andy Givee, Rollins Stones, Queen, Boston y otros. En aquellos días los muchachas y muchachos recorrían las calles de La Colonia en busca de fiesta con la pregunta recurrente: ¿Mucha saben donde hay repaso hoy” y bastaba una indicación para que una sala vacía, se llenara a reventar .La creatividad de los muchachos de La Colonia no se hacía esperar, pues habían casas en las que se armaban autenticas “Discotecs “ que hasta tenia nombres como: Destroyer Disco, Estudio 54, Boston, donde a fuerza de ingenio decoraban la sala de la casa(ante la mirada inquisitiva de los papas y una que otra inconformidad), con posters fluorescentes de los grupos del momento que dibujaban a mano copiándolos con tal fidelidad de las portadas de los discos de acetato, revestían de papel celofán las bombillas desnudas, construían sus propias esferas de espejos así como sus juegos de luces multicolores , no faltaban los que construían con cartón y madera la cabina donde estaba el aparato de sonido, donde alguno de los muchachos le hacía de DJ. Los pequeños discos de acetato (discos de 45 RPM) pasaban de mano en mano, de repaso en repaso. Algunos se procuraban vestuarios a la moda, aun aquello era lo que menos importaba.

Aquellos repasos se realizaban en un ambiente sano, donde quizás lo más osado, era ver por primera vez a algunos de los amigos fumar un cigarrillo de tabaco. La música en ingles, se combinaba con música tropical para darle ese toque latino.

Para muchos de aquella generación, los llamados “Repasos” se constituyen en más que memorables recuerdos de juventud, ya que al evocarlos les vienen imágenes de aquel primer amor, que ha quedado en el tiempo y la distancia, o más aun fue en uno de aquellos repasos donde conocieron al hombre o la mujer con la que hoy comparten sus vidas.

Oxwell L’bu
Fotos: Internet


sábado, 6 de noviembre de 2010

"Vientos de Vacaciones Parte I"

“Vientos de Vacaciones Parte I”


(Historias de La Colonia)

Los patojos contaban los días, las horas y algunas hasta adelantaban el reloj para ganarle tiempo al tiempo, comiendo ansias por salir de vacaciones y dejar atrás los horarios, las tareas y ese monstruo que se agiganta cuando llegaban los exámenes de finales de año.

El esplendoroso volcán sigiloso contemplaba los campos de futbol donde se levantaban las polvaredas debido a los vientos de noviembre que celebran cuando se elevan los alegres barriletes y tapizan de alegría y color el cielo azul. A partir del último día de clases al dar las primeras horas de la mañana, las calles se vestirán de juegos y de vez en vez de alguna que otra riña…Era como cuando en la escuela suena el timbre del recreo y los patojos salen despavoridos a jugar; sus gritos de alegría resonaban en las montañas y las calles se transformaban en un gigantesco campo de recreo.

La temporada de base bol en las finales, que siempre era entre los Dodgers de Los Angeles y Los Yankeess de New York y la estupenda narración de el Sr. Abdón Rodríguez Zea que con su estilo tan particular hacia vibrar de la emoción a chicos y grandes, nunca faltaba el tema de la serie, que era una canción de música salsa, cumbia o merengue. Durante ese tiempo allí estaban los patojos pegados al televisor, mientras las mamas protestando en espera de su novela. Al día siguiente salían con sus palos de escobas por bates y sus pelotas hechas de papel periódico y trapos envueltos en una media vieja de mujer , por bases piedras, asiendo caso omiso a las reglas del juego imitaban las jugadas y se divertían de lo lindo, mas allá otros jugando futbol, otros yendo a los barrancos (El de las Guacamayas o el de Lo de Bran) en busca de cañas bambú para construir los barriletes, aventurar en la espesura de la vegetación o simple y sencillamente jugar en las posas de agua clara . Las patojas por su parte saltando en grupos la cuerda, jugando tenta o con sus clásicos cantos, que aun cuando se entraran a casa quedaban resonando en los oídos. Todo aquello era una fiesta, una fiesta de niños jugando, saltando, gritando, retozando en las calles, las mamas peleando para que entren a comer, ellos entrando a regañadientes y atragantándose, ante la prisa para salir a seguir jugando o a escuchar las historias de Don Quique en la esquina de la cuadra.

¡Ah! Tantos juegos que poco a poco se van quedando al olvido y cuyos juguetes en poco tiempo pasaran a ser piezas de museo, como los trompos, los cincos o canicas, el capirucho y las ya legendarias bicicletas californianas que los patojos se las prestaban entre sí, pues no todos tenían una o las acrobacias que hacían algunos en las patinetas (monopatines) en las planchas de cemento que quedaron de recuerdo de la visita de los gringos después de aquel 4 de febrero del 1976 cuando un terremoto sacudió Guatemala.

En aquel tiempo era como si todos los días fuera domingo, no había que esperar el fin de semana, porque la semana solo tenía un día y ese día se llamaba “Felicidad” en el que lo único que cambiaba era el juego que se jugaba.

Oxwell L’bu

jueves, 21 de octubre de 2010

***En un Rinconcito del Universo***




***En un Rinconcito del Universo***

En ese rinconcito del universo,
mirando el cielo azul la mano
de Dios empezó a escribir versos.

Nadie le dicto, nadie le susurro
al oído lo que debía escribir,
ni El lo pensó dos veces fue como
se dice a golpe de corazón…

Escribió cosas sencillas pero profundas,
sin frases elaboradas mas llevaban
ese toque de inmortalidad…

Viendo lo escrito soplo sobre
el papel dándole su aliento de vida
y así lleno de su inspiración
a toda una generación de ángeles.

Les construyo un campo de recreo
para que jugando echaran a volar
la imaginación…
No les dio riqueza pero en cambio
les dio ese bastión que les permitiría
treparse hasta el cielo…

Y así con el alma inflama de esperanza
les dio alas lanzándolos al mundo para
que exploraran lo que buscan sus ansias,
pero también les dio raíces para que
supieran a donde regresar…

Y desde aquel día viven dispersos por
el mundo y de vez en vez les vine
esa “Tristeza pueblerina” que les
hace añorar ese pedacito de cielo
que dejaron…

Oxwell

viernes, 18 de junio de 2010

"Con el Numero 10 en el Pecho"


“Con el numero 10 en el pecho”


(Historias de la Colonia)

En medio de las polvaredas que de vez en vez se levantan en aquellos campos de futbol, los patojos (niños) corrían tras el balón, en equipos de 20 contra 20, sin más reglas, que las ganas de jugar… Soñando, fantaseando y hasta sintiéndose por un momento en un campo de futbol engramado, con las porterías con red, el hombre vestido de negro y ellos luciendo el uniforme de su equipo favorito con el número diez en la espalda.

Luis Carlos desde siempre se había soñado jugando en uno de los equipos de futbol de la liga de mosquitos del barrio. A pesar de que jugaba chamuscas (partidos callejeros) con los demás patojos (niños) de la cuadra, el jugar en una liga era algo que veía imposible por esas cosas que no saben los patojos explicar… Por aquellos días uno de los papas entusiastas de la cuadra, decidió formar un equipo de futbol, total había suficiente material en aquella cuadra donde toda una generación de patojos fue a crecer; así que hablo con ellos, los cuales rápidamente mostraron un gran entusiasmo y en poco tiempo empezaron a entrenar. Aun no decidían el color del uniforme, ni el nombre del equipo, pero igual todas las tardes se reunían para entrenar y discutir la inscripción del equipo en la liga de mosquitos. Luis Carlos los miraba a la distancia, sin atreverse a acercarse, pero con una ganas de jugar que trataba de disimular. Una de aquellas tarde Gustavo Adolfo y Fernando que eran más conocidos como El pepino y El Bushaca respectivamente, fueron directamente a buscarlo a su casa, para invitarlo a que se integrara al equipo, pero como pudo les explico sus razones, aun que estas eran evidentes, les dijo que no, ellos le insistieron ante su negativa y le pidieron que lo pensara y que siempre lo estarían esperando.

La nueva temporada estaba por iniciar y las formalidades para la inscripción del equipo en la liga iba viento en popa, fue por aquellos días que Luis Carlos sobre poniéndose a sí mismo, pidió el poder jugar con el equipo, a lo cual no todos estuvieron de acuerdo, aun que no lo manifestaron abiertamente y como sucede con los niños, tienen ese sexto sentido , que intuye el rechazo, lo cual no alcanzaba a entender dado que muchas veces había jugado con ellos en la calle y en aquellas chamuscas sin tiempo, ni reglas metía goles y había demostrado tener cierto dominio del balón y sus amigos lo sabían, pero pensaban que una cosa muy diferente eran aquellas chamuscas y otra jugar en una liga por competición. A pesar de aquello, el entusiasmo pudo más en el corazón de Luis Carlos y a la hora de la cena les comento a sus padres sobre su gran logro, pues jugaría en la liga de futbol del barrio, sus padres se mostraron entusiasmados, pero tenían sus reservar aun que no hablaron de ellas. Aquella misma semana el papa de Luis Carlos le compro sus primeros zapatos de futbol, los cuales al verlos el niño le provoco que las lagrimas rodaran por sus magias y una intensa alegría que hasta brillaba el sol en sus ojos… Aquella noche se los probó una y otra vez y siendo nuevos los lustro con tal dedicación para que tuvieran más brillo. Fue tanto su entusiasmo que aquella noche durmió con los benditos zapatos puestos…

Por fin empezaba la temporada y finalmente después de muchas discusiones al respecto habían optado por un nombre para el equipo, se llamarían “Luciérnagas Azules” pues siempre entrenaban hasta caer la noche y obviamente el color de la camisola seria azul cielo y pantaloneta blanca. El equipo estaba compuesto por 20 niños por lo cual algunos tendrían que esperar su turno en la banca y entre ellos estaba Luis Carlos. Además existía un inconveniente y era que a nadie se le había dado la camisola con el número diez, pues a acepción del portero y uno que otro niño, todos querían ser delanteros y llevar el número diez en la espalda. Y para resolver el asunto el entrenador había decidido no darlo, si no que, él que quisiera serlo, tendría que ganárselo a base de buen juego, garra y disciplina.



En aquel primer partido, Luis Carlos no jugó, lo cual no le causo ninguna decepción, todo lo contrario entrenaba más fuerte y sabia que ya llegaría su oportunidad para demostrar sus cualidades como jugador. En el segundo partido le permitieron jugar los últimos diez minutos y apenas toco pelota, pero él seguía entrenando. Después de perder el primer encuentro y haber empatado dos, el papa entrenador decidió pedir ayuda a un viejo amigo, que era todo un veterano en la primera liga de futbol del país. El de buena gana acepto y aun que no los podía entrenar de forma constante, fue creando en aquellos patojos un sentido de responsabilidad y de unión entre ellos, que era lo importante para funcionar como equipo.

Aquella semana Luis Carlos había contado, los minutos, las horas y los días para que llegara el domingo, pues debutaría por primera vez como titular. Llagado el día, se levanto muy de mañana a lustrar sus zapatos y ver que estuviera listo su uniforme, al llegar al campo nunca faltaban las miradas imprudentes, que se dirigían hacia él a lo cual de una forma u otra ya se había acostumbrado, sus demás amigos y compañeros de equipo uno a uno se iban sumando, pues él había llegado con más de una hora de anticipación. Ese día estarían allí el papa entrenador acompañado de aquel viejo lobo del futbol. Antes del partido hablaron de sus tácticas de ataque y defensa, de la disciplina en el planteamiento y en la posición que cada uno jugaba. Finalmente llamo el árbitro a los equipos y momentos después dio inicio el encuentro, a los pocos minutos ya les habían anotado el primer gol, pero aquel viejo lobo les gritaba que mantuvieran la moral y les recordaran lo practicado, sus palabras eran como un viento soplando en las espaldas de los “Luciérnagas Azules” que les puso alas y sus pases empezaron a ser más precisos, peleaban cada pelota, hasta que en una jugada impredecible, Luis Carlos corrió como pudo y puso la pelota justo en la pierna de uno de sus compañeros y anotaron el primer gol. Así empatados se fueron al descanso, el viejo Lobo les dio algunas indicaciones y no realizaron ningún cambio como era la costumbre para darle chance a que todos jugaran, pues el aducía, que como equipo estaban funcionando y que era mejor hacer cambios sorpresivos para desequilibrar al rival. Empezó el segundo tiempo y los patojos entraron con más ganas de salir a buscar su primera victoria y así fue pues a los diez minutos Luis Carlos anoto el gol. Que resultó siendo el gol de la visoria. Poco a poco Luis Carlos empezaba a mostrar su capacidad para el ataque y principalmente para posicionar la pelota de forma que sus compañeros anotaran goles.

“Los Luciérnagas Azules” poco a poco iban mejorando y evolucionado como equipo, pero había en todos ellos una pregunta: ¿Quién sería el número diez? Más nadie se atrevía a preguntar. Días después, en una de esas sesiones que tenían, aquel viejo Lobo y el papa entrenador les anunciaron, que finalmente habían decidido quien portaría la camisola con el número diez, todos esperaban con ansias el anuncio. Y después de explicar en que habían basado su decisión les dijeron que Luis Carlos era el escogido a lo cual algunos manifestaron su descontento, uno de ellos dijo: ¡Ya bastante es tener que jugar con un lisiado en el equipó! Otro más dijo: Si esta nos hacen burla y se ríen de nosotros por tener a alguien como él en el equipo. El viejo Lobo sintió el dejo de tristeza que se asomo a la cara de aquel niño. Por lo cual decidió pedirles que pararan sus comentarios y les empezó a contar la historia de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Les pregunto: ¿Quién de ustedes a escuchado hablar o ha visto partidos en la televisión de Pele? Todos ¡Verdad!. Pues déjenme decirles que antes de Pele, hubo un gran jugador, que está considerado como el mejor puntero derecho de la historia, jugó en tres copas del mundo, coronándose campeón junto a su equipo en dos de ellas y por si fuera poco fue el goleador de la copa en Chile 1962 además de ser considerado el mejor jugador de dicha copa y saben una de las características de este jugador era que al nacer tenia una de sus piernas más larga que la otra y por cosas de la vida sufrió de poliomielitis en su niñez… Al decir esto miro a Luis Carlos, quien no lograba disimular las lágrimas en sus ojos y una emoción que le apretaba el corazón. Luego continúo y contagiado de esa emoción, les volvió a preguntar: ¿Y saben cómo se llama, este jugador? A lo que nadie respondió. El les dijo: Manuel Francisco dos Santos, más conocido como “Garrincha” al escuchar “Garrincha” ellos supieron de quien hablaba, pues mas de alguna vez habían escuchado a sus padres hablar de este gran jugador, pues fue en ese tiempo cuando se le familiarizo a la selección brasileña con el famoso “Juego Bonito”. Al escuchar aquella historia, los niños se acercaron a Luis Carlos para abrazarlo y pedirle disculpas y uno de ellos dijo: Debemos de sentirnos orgullosos pues nosotros tenemos nuestro propio Garrincha… Y estuvieron de acuerdo que el merecía llevar la camisola con el número diez y se la dieron, la tomo en sus manos, le dio la vuelta para dibujar el numero con sus dedos y luego dirigiéndose al Viejo Lobo, le pregunto: ¿Y qué numero usaba Garrincha? Él le contesto: El número siete. A lo que Luis Carlos replico, si yo voy a ser el Garrincha de “Los Luciérnagas Azules” usare el número siete. Y así fue, cada vez que jugaba Luis Carlos en aquellos campos polvorientos, atraía las miradas hacia él, pero ya no eran esas miradas incomodas, si no miradas de admiración a alguien que llevaba el número diez en el corazón.

Oxwell L'bu
Foto: Nelson Vinicio Morales


sábado, 12 de junio de 2010

"Sonando tras un Balon"





“Soñando tras un Balon"
  (Historias de la Colonia)

Mis vagos recuerdos me remontan al mundial de 1970 cuando Brasil se corono por tercera vez en su historia como campeón del mundo y Pele fue considerado el mejor jugador con su número diez, creo que desde allí todos hemos querido ser el número diez alguna vez en nuestras vidas…Mas el mundial que mejor recuerdo de aquellos años de infancia es el de Argentina 1978 cuando ellos se coronaron campeones.

En aquel tiempo el llegar a tener unos auténticos zapatos de futbol y una pelota de cuero era el mayor anhelo de los patojos (niños) del barrio, pero aquello, no nos quitaba el sueño, pues después de cada partido todos los patojos (niños) de la cuadra salíamos a rifarnos el físico detrás de una pelota de plástico, con la misma alegría, devoción y entrega de quien juega un partido de la copa del mundo.

Algunos tomaban su playera favorita y le pintaban el número diez o se lo ponían con masking tape o cinta de aislamiento eléctrico. Todos nos autonombrábamos, con el nombre de nuestro jugador favorito que cambiaba conforme crecíamos (Pele, el Kaiser Franz Beckenbauer, Teófilo Cubias, Mario Kempes, Zico, Sócrates, Cuyff, Maradona, Bebeto etc.) por supuesto nunca faltaba el o los narradores, que mientras jugaban narraban las jugadas al estilo de los comentaristas de la televisión o la radio. Todo era una fiesta hasta que alguien pateaba la pelota hacia algún tejado a hacia la casa de la “Doña Carlota que nos pincho cien pelotas” que Ricardo Arjona menciona en su canción.

El mundial era una verdadera fiesta en todo el sentido de la palabra, para los adultos y los patojos de la cuadra, pues antes de cada partido, se daba el ritual de siempre, las mamas preparando la boquitas (aperitivos, botanas, bocadillos) y los papas hiendo a la tienda a comprar las bebidas para los invitados y los que llegaban sin invitación a la sala de la casa, que se llenaba a reventar y donde se dejaban escuchar los lamentos uuuuuuuuuu o el ¡Que si mas…! O la algarabía sonando al unisonó cuando todos gritaban goooooooooooollllll y después del partido nunca faltaba la discusión por las jugadas, los goles y los que no fueron goles, nunca faltaban los comentarios y saludos gratuitos hacia los árbitros, pero a los patojos aquellas discusiones de adultos poco les importaban ellos salían a revivir las acciones y a trasladarse por un momento a otro mundo, donde ellos eran los mejores jugadores y hasta escuchaban las ovaciones de un público que eran ellos mismos…

Hoy han pasado los años y aquellos niños han crecido, mas siguen gustando del futbol, muy pocos de ellos lograron su objetivo de llegar a jugar de forma profesional, pero ese niño sigue intacto allí…Allí donde el tiempo no transcurre, allí donde los sueños son posibles…Porque aun que hoy físicamente ya no son aquellos niños, se ven reflejados en esas nuevas generaciones que de alguna forma siguen manteniendo vivo aquel sueño corriendo tras un balón…

Oxwell L’bu
Fotos Byron Perez



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lunes, 31 de mayo de 2010

"Loteria la Huerfanita" (Historias de la Colonia)


Lotería la Huerfanita”

(Historias de Colonia)

Con el calor intenso del medio día y las tardes templadas por esa briza primaveral del mes de abril, la feria llegaba año tras año a la fortaleza natural flanqueada por barrancos y vigilada de cerca por el coloso volcán… La caravana de los camiones transportando las estructuras metálicas de los juegos mecánicos que entraban por la quinta avenida de La Colonia, los patojos los miraban llegar con esa ilusión en los ojos de quien espera una fiesta.

La feria siempre se instalaba en el mismo lugar, justo en el campo que estaba tras el costurero y el salón parroquial; los patojos curiosos se acercaban para observar como de la noche a la mañana la feria se instalaba. Usualmente llegaban un día jueves y empezaban el viernes por la noche y allí estaban las patojas y los patojos viendo como le sacaban el pisto (dinero) a los papas, para subirse a los juegos mecánicos como la rueda de Chicago, el pulpo, las sillas voladoras en fin, sin faltar los futillos(mesas de futbolito) y demás juegos, pero sobre todo el jugar en la mentada lotería…

Justo a las siete de la noche se dejaba escuchar por los altoparlantes la invitación para la primera jugada de la noche con el tono y forma tan particular de decir las cosas, de quien cantaba la lotería: -Suuuuuuuu Loterrria La Huerrrrrrfanita, yyyaaaa esta aquiiiiiiiii, asi que damas, caballeros, niños y hasta el chucho (perro) de la casa están invitados a esta noche de suerte, noche donde la luna y los gallos se desvelan… Así que, a apartar sus cartones, que los premios son de a montones. Algunos llegaban desde temprano para apartar su lugar, otros por el contrario se subían a la rueda Chicago o en las sillas voladoras, donde los muchachos esperaban pacientemente para que el viento soplara a su favor a su favor, para poder tener así una visión más amplia de las piernas y algo más de las muchachas. Los patojos por su lado comiendo chucherías como manzanas forradas de caramelo rojo que parecen cerezas gigantes, las plataninas, los algodones de azúcar de colores, elotes asados, el atol de elote, las tostadas de frijol o de aguacate, los panitos de San Antonio, los chuchitos(tamalitos de elote con carne), sin faltar los que son dulcitos por dentro, dulcitos por fuera , que, que más se puede pedir, los rellenitos….

Otros, tanto patojos, como muchachos jugando futillo o esperando a que pase la muchacha de sus sueños. Por doquier resplandecen los focos de neón y las luces de los juegos mecánicos, se escuchan los gritos de las muchachas y las carcajadas de los patojos y en medio de aquella fiesta se distingue un dejo de tristeza de los que apenas ayer eran patojos y hoy a fuerza de necesidad son los nuevos operarios de la feria. Pues al parecer para la gente de la feria el tiempo corre más a prisa, pues no hay tiempo para ser niño o adolecente, el tiempo apenas alcanza para ganar el sustento… Pero la feria tiene que seguir y la suerte se juega en la lotería de la vida que a veces se parece a la lotería La Huerfanita. Faltan solo 15 minutos para las ocho de la noche y por medio de los altavoces, la voz no deja de invitar, a pesar de que la galera casi está llena a reventar. –Pase adelante que aun hay carrrrrrrrrtones, aun hay espacios para la suuuurteeeeee….Así que le vamos a pedir a la dama de la esquina que se corra un poquito y haga un espacito para los que están entrando, para la primera jugada de la noches en su looooooooterrrrrria La Huuuuuuuuerrrrrrrrrrrfanitaaaaaaaa…

Al dar las ocho empieza la cuenta regresiva’ -Un minuto para que la primera juuuuuuuuugada de la noche empiece, así que vengase volando que esto está empezando, ya la góndola está girando y las pelotitas….En eso interrumpe una voz chillona de una mujer: -Espéreme Don que yo también quiero jugar, por vida suya deme un cartoné… Uno de los ayudantes y fuerzas la acomoda en una banca a la ley de Horacio (pues le queda una nalga en el espacio) y le da las semillas de maíz y el cartón de lotería. –Agora siiiiiiii, damos inicio a la primera jugada de la noche de su loterrrrrrrria Laaa Huerrrrrrrrfanitaaaaaa…

-Jira y jira y jira y jira hasta mirar a la guajira la tómbola de la suerte que eso sí, no pronostica la muerte y sale la primera bolita y es precisamente la reina pelona con cara de anona la muerte, la muerte….Sigue corriendo y va llegando al que cuando llega tarde la mujer con un sartén para darle lo está esperando, el borracho a que pobre mamarracho y la tómbola sigue girando como gira el planeta y sale lo siguiente bolita como un cometa, la escalera, la escalera que si te caes que llamen a la enfermera, la tómbola sigue girando porque la Huerfanita está regalando para que le lleve a la doñita un cazo, el cazo, ya tenemos a gente esperando sus lugares para la segunda jugada de la noches y es que su looooooooterrrria la Huerfaniiiiiiiitaa esta regallloooooooona y mientras la góndola sigue girando y va llegando el más chulo el catrín, el catrín…. Alguien grita: Loteeeeeeeriaaaa, loteeeeeeeriaaaa…Nadie nueva los maicitos de sus cartones damas y caballeros, que vamos a revisar. Y comienza el proceso de chequear una por una las figuras: empieza a gritar una a una el ayudante –La muerte, si afirmativamente la muerte, el borracho, si tenemos el borracho, el tambor, déjeme ver….No el tambor aun no sale…!Ah ¡es que yo pensé uste que era el cazo replica la señora (más de alguien murmura vieja mula). Así que aun no hay ganador y la tómbola sigue girando y la siguiente bolita va llegando y rebotando la sandilla, la sandilla la que alcanza para invitar a la tía la sandia, sigue girando y va llegando el que siempre esta erecto y dispuesto a entrar…No me piense mal caballero porque se trata del soldado, el soldado….Looooteriaaaaaaaa, loooteriaaaaaaaaaaa, nadie se mueva que vamos a revisar y comienza el proceso de chequeo y esta vez sí, si hay lotería, algunos se paran disgustados y se van, otros por el contrario piensan que aun es joven la noche y siguen probando suerte y los que estaban parados esperando se apresuran para sentarse en los espacios vacios y así sigue la noche y seguirán las siguientes 10 noches, los patojas sangrando a los papas y a los abuelos para ir a la feria, las muchachas y muchachos haciéndola el mejor pretexto para estar un poco más tarde en la calle y tener esos encuentros de amor de adolecentes.

Y así año tras año la feria seguía llegando, pero los que apenas ayer eran los niños de la feria en poco tiempo la necesidad los hace crecer a pasan a ser los operarios y los que eran operarios los jubila la vida porque envejecen tan a prisa que siempre les parece que fue ayer…

Oxwell L’bu


viernes, 14 de mayo de 2010

"Bandido"


“Bandido”

(Historias de La Colonia)

Hay estigmas que nos da la vida, incluso desde antes de nacer, son marcas del destino que nos marcan un camino, que muchas veces no queremos recorrer…

Aquel era un niño triste, con la mirada perdida al horizonte mirando desde su humilde ventana como la vida transcurría, miraba cubriéndose el rostro con la cortina hecha de la más humilde tela que ya pintaba amarillos del tiempo, escuchaba las carcajadas de los demás patojos de jugaban en aquel inmenso campo de recreo: los patojos con el trompo, los cincos o con las rodillas en tierra haciendo con su imaginación el mas fantástico carro de bomberos de unos trocitos de madera con corcho latas por ruedas…Las patojas evitando a los varones, jugando de tenta, de arranca cebollas y cantando a viva voz A la víbora de la mar y quien sabe que mas… Al caer la tarde todos se entraban a regaña dientes porque era hora de cenar. Comiendo tan aprisa que tragaban los bocados de comida con tal de volver a salir a jugar…Con el acostumbrado “Muchas gracias” al levantarse de la mesa apenas escuchaban el “Buen provecho” porque ese deseo de jugar aun no estaba satisfecho.

Al caer la tarde la madre llegaba de trabajar y lo encontraba allí, en el lugar de siempre, con las ansias de siempre, mirando atreves de la ventana como la vida se pasaba frente a él. Ella lo miraba sufrir, pero igual no podía hacer nada para aliviar aquel dolor, se sobre ponía a sus lagrimas y poniéndole cara de alegría lo invitaba a comer, aquellos momentos eran los más felices de la vida de aquel niño que encontraba en su madre un inmenso amor y cariño que le hacía olvidar aquella tristeza de no salir a jugar.

Pero el tiempo transcurre tan a prisa, no espera por nadie y así el tiempo para ir a la escuela lo sorprendió. La madre lo fue a inscribir, aun sabiendo lo difícil que seria para Arturo el enfrentar aquella realidad, a la cual se resistió. Fueron largas las tardes que la madre lloro con el dándole consuelo. Una de aquellas tardes de los primeros días de enero, se puso a ver televisión. Era un televisor pequeño en blanco y negro que un alma caritativa les había obsequiado en navidad, lo cual fue un gran regalo dado que en esos tiempos pocas familias contaban en casa con este tipo de aparatos. Sus series preferidas empezaron a ser las de vaqueros: El llanero solitario, Aventuras de Johnny West y poco después El Zorro. Viento estas series fue que se le ocurrió aquella idea, un día como de costumbre la mama llego a casa y lo encontró con la bandana cubriéndole medio rostro y le pregunto, ¿A qué a que estaba jugando? El niño respondió: No estoy jugando, mama esta será mi nueva identidad. La madre sin poder evitarlo se le rodaron las lagrimas al rostro pues comprendía el porqué.

A la semana siguiente empezarían las clases, con gran esfuerzo, ella le compro los pantalones azules, las camisas blancas, el suéter rojo con líneas verticales azul y blanco y un par de bandanas, una azul y la otra roja. Pese a los problemas que para ella implicaba faltar a trabajar, para el primer día de escuela del niño pues comprendía el reto que para Arturo suponía el enfrentar aquella nueva etapa de su vida y más aun ante aquella situación que le afectaba en forma personal… El niño camina por las calles ante la mirada inquisitiva de vecinos y patojos que posiblemente serian sus compañeros de escuela, pero más aun para el aquel era un mundo extraño, un mundo que apenas conocía pues lo veía a través de su ventana. La madre lo acompaño hasta el salón y ya había hecho los arreglos necesarios para que le permitieran usar la bandana a lo cual ante la explicación que ella les dio accedieron las autoridades de la escuela y la maestra.

Cuando los demás niños lo vieron entrar al salón de clases, no dejaron de sorprenderse de verlo así con la mitad del rostro cubierto, algunos se rieron, otros murmuraron y alguien mas dijo a viva vos: Hay un bandido en la clase….Todos se rieron y la maestra los llamo al orden, la mama se retiro, como no queriéndose ir, sabiendo que aquello apenas empezaba, recordó los murmullos y la extrañes con que miraron as u hijo sus compañeras de cuarto, cuando Arturo nació y se lo llevaron a enseñar, sin el apoyo de un marido, sin alguien que le apoyara con acepción de una madre que los esperaba en casa, en una silla de ruedas. Pero comprendía también, que en la vida había que ser fuertes, que debería aprender a sobre ponerse a todo aquello.

Las bromas, chistes y murmuraciones desde aquel primer día fueron siempre parte de aquel ritual que suponía ir a la escuela, para Arturo y más aun a la hora de recreo…A veces regresaba a su casa triste, sin ganas de volver al otro día, siempre en aquella casa vacía, en la que encontraba una notita junto a su almuerzo donde la madre le dibujaba una carita sonriente y le ponía un Dios te bendiga…Luego de comer, se ponía a hacer su tarea, después miraba por su ventana con un deseo profundo de salir a jugar, mas no faltaba quien pasara diciendo: Esa es la casa de Bandido y aquello lo desalentaba y mejor prendía la televisión, luego la volvía a apagar pues se moría de las ganas por ir a jugar pelota con los demás…

Conforme el tiempo transcurría, los demás se acostumbraron a ver al niño de la bandana en el rostro y el también se acostumbro a que lo llamaran Bandido y no por su nombre. Con esfuerzo y dedicación aprendió a leer antes que muchos de sus compañeros, poco a poco se fue ganado un lugar entre los más aplicados. En los recreos casi no jugaba pues las burlas acompañaban los juegos, pero logro hacer amistan con Fito Chibola, un niño que también era blanco de bromas pues estaba pasado de peso. Pero Fito no les ponía atención y como era también un poco alto de alguna forma imponía respeto.

Un día los demás patojos le convencieron para que jugara una chamusca (un partido de futbol informal) contra los de la otra sección de primer año y convencido por Fito Chibola accedió. Empezó la mentada Chamusca y de primas a primeras les metieron un gol, por lo que deberían de quitarse la camisa y quedarse en playera, todos los hicieron y el partido continuo, hasta que alguien por detrás se aproximo a Arturo y delante de todos le quito la bandana… Algunos al ver su rostro gritaron: ¡Es un monstro! ¡Es un monstro! Se armo tal alboroto que media escuela se dio cuenta. Arturo como pudo se cubrió el rostro con la playera y salió corriendo… Fito Chibola trato de alcanzarlo, pero no lo logro, entonces se fue directo a reclamarle al niño que había sido capaz de aquel atrevimiento.

Aquella tarde al llegar a casa, la madre lo encontró llorando, ella le pregunto, él le conto lo sucedido y siguió llorando diciendo: Mama, es que soy un mostro, un mostro… Ella le replicaba –No mi niño, tú eres un angelito, un pedacito de cielo… Él le decía: Un angelito con cara de mostro y es por eso que yo ni tengo papa… Aquel fue un día lleno de dolor para ambos.

Pasaron los días y el niño, no regresaba a clases, sus útiles escolares estaban en la dirección, las murmuraciones continuaban, se decía que bandido era un mostro, por lo cual en el lunes cívico de la semana siguiente, la directora decidió tomar cartas en el asunto. Reunidos todos, el claustro de maestras y alumnos les explico el porqué de la deformidad en el rostro de aquel niño, les comento que dice la medicina sobre “El Labio Leporino” y que no había razones para alarmarse, ni mucho menos para burlas, que lo mejor que podían hacer era aceptarlo tal cual era y que niños así más que compasión precisan de amor y aceptación así como de amistad. Aquel mismo día Fito chibola y otros de sus compañeros después de clases fueron a su casa buscarlo, tocaron a la puerta más de una vez, pero nadie contesto. El niño solo los observaba oculto en la ventana. Al día siguiente lo mismo y así por el resto de la semana. La madre había hablado ya con la directora y la maestra sobre la negativa del niño de regresar a la escuela. A la semana siguiente fueron nuevamente sus compañeros a buscarlo comandados por Fito Chibola, todos con una bandana cubriéndoles la mitad del rostro, el los vio y no pudo evitar el sonreírse, esta vez tocaron una sola vez la puerta y se fueron. Luego el niño se puso a ver televisión y al llegar la madre lo encontró dormido. Al despertarse le entrego un paquete que había encontrado en la puerta, eran un sin número de tarjetitas hechas a mano, con papelitos de colores y garabatos que pretendían ser letras, en las cuales a su manera, le pedían disculpas y le manifestaban cuanto lo extrañaban…

A la semana siguiente el Arturo regreso a la escuela y al encontrar a su salón se encontró a niños y niñas usando la banadanas en sus rostros. Y como son los niños que son rápidos para olvidar los agravios recibidos, volvieron a ser compañeros y más que eso amigos. Al año siguiente Arturo fue sometido a una operación que le permitió mostrar su sonrisa enmarcada con una mirada donde ya no había tristeza.

Oxwell L’bu