martes, 12 de noviembre de 2019

“Cuando la creatividad, no tiene edad”

“Cuando la creatividad, no tenía edad”
En aquellos años, no me enteré si éramos pobres o no, pues la vida estaba llena de tanta riqueza...

La casa estaba llena de tesoros y no nos faltaba imaginación, en esos años en que la creatividad no tenía edad, bastaba abrir la caja de herramientas de papá, para encontrarse con un arsenal, que ponía a burbujear la imaginación, como un Alka Seltzer. Y no digamos abrir el cofre de tesoros de la abuela y esperar con impaciencia a que se terminara el hilo, para hacerse del carizo , para luego poder construirse con el, un hermoso capirucha con ese toque personal.

Nuestra generación no se endeudaba, soñaba... No había dinero para comprarlo todo, pero si mucha creatividad para hacerlo y lo mejor de todo era que hacerlo era diversión pura y satisfacción, y no digamos jugarlo y compartirlo.
Oxwell L’bu copyrights 2019

miércoles, 6 de noviembre de 2019

“Aquellos juegos de la infancia”

“Aquellos juegos de la infancia”
No, en aquellos tiempos no habían videojuegos, ni internet , pero el ingenio y la creatividad sobraban...

Parafraseando, aquella canción: “Buscando en el baúl de los recuerdos, cualquier tiempo pasado, nos parece mejor” y yo no sé, si esos tiempos fueron mejores o no, pero si tuvieron su encanto. En aquellos años, vivíamos los tiempos de eterna ilusión. y esa ilusión nos hacía ser creativos, ahorrativos y sobre todo nos invitaba a compartir.

Nos bastaban unos clavos, una tabla, hilo, un bolígrafo y un cinco o canica, para construirnos aquel juego tan entretenido, que bien podíamos jugar solos, pero siempre era mejor jugarlo con otros.

La felicidad, no salíamos a comprarla, la construíamos con creatividad y nuestras manos, y se multiplicaba cuando la compartíamos.
Oxwell L’bu copyrights 2019

miércoles, 23 de octubre de 2019

***Canela fina***

***Canela Fina**
El Papa:
No te fijes en él,
que es pegajoso como
la miel.

La madre:
Ese  es más empalagoso
que un pastel…
No te fijes en ese aborto
del infierno…
¡Ay! No lo soportaría
como yerno.

La abuela:
No hace falta ir a la escuela,
para estudiar psicología,
luego, luego se ve que ese
joven es peor que una ladilla.

El Hermano:
Qué bueno puede haber
en ese desastre…
A ese roto no lo remienda
ni un buen sastre.

Don Chepe el de la tienda:
Ese patojo no es de fiar,
que si una se descuida
le quita el calzoncillo,
sin tocar el pantalón.

Doña Conchita:
Árbol que nace con las
raíces fuera de la tierra,
aunque se marchite,
nunca asienta cabeza.

Una amiga:
¡Guapo! Ni que hablar,
que si no lo quieres.
aquí en este rinconcito
hay lugar.

La rival:
Qué más quiere ese pavorreal,
si ha ese instinto animal,
esta hembra lo va a domar.

La señora de las tortillas:
Tan tierno el maíz
y ya se pudrió…
Sera que el sentimiento
se le murió.

El susodicho en cuestión:
Frente al paredón me lanzan,
sus letanías y maldiciones,
Pero es pura envidia  de
esos mamones…
Y las puritanas se quedan
hablando y con las ganas.

La susodicha enamorada:
Sera canela fina y todo lo demás…
Y no hablo por capricho es que
ese susodicho es el dueño
de mi corazón.
Oxwell L’bu Copyright © 2011

martes, 1 de octubre de 2019

***En la cuadra***

***En La Cuadra***
Crecimos en una cuadra muy particular,
distinta pero igualita a las demas;
ella fue nuestro campo de recreo,
nuestra cancha de futbol, lugar encantador,
que fue testigo de esos años maravillosos,
a los que recurrentemente se quiere regresar.

Salir a la cuadra, era encontrarse con la alegría,
sentir vibrar el corazón de la emoción,
cuando contemplabas desde la esquina
a sus bellas flores, coquetas con sus faldas
escolares, caminando con la seriedad del caso,
pero al final regalandote una sonrisa.

En la cuadra, cada repaso era una gran celebración,
para entrar nadie requería de invitación;
En la cuadra, la quema  Judas era inolvidable,
pese a que el mentado testamento no era nada  amable y  cuando se iba la luz nadie corría a su casa,
cmo una avestruz,  porque aquello era la oportunidad,
para contar historias, chistes o cantar hasta llorar.

En la cuadra, era seguro toparse con la esperanza,
de aquellos muchachos que buscaban el superase
y encontraban la forma de aterrizar sus sueños...
También era posible toparse con algún poeta,
pues esa calle estaba llena inspiración.

En la cuadra, al llegar la navidad,
esta se vestía de fiesta con flequillos
colgando de techo a techo,
banquetas pintadas de cal
y ese aroma a ponche y tamal,
que es el aroma tradicional,
de la navidad.

En la cuadra, nunca nos faltó
con quien jugar o conversar...
Y al abrir el baúl los recuerdos
a más de uno de los patojos
uno se puede encontrar,
porque en la cuadra cualquiera
podía estar en nuestras fotografias,
porque éramos una gran familia.
Oxwell L’bu Copyright © 2016

***Los niños de mi colonial***

La luna con la cara tiznada ve a los patojos desde su ventana... Mas ellos no paran de jugar, hasta que por fin el sueno como mariposa besa sus frentes y al cerrar los ojos una sonrisa revolotea en su rostro esperando el nuevo amanecer para seguir jugando... Así son los patojos de mi tierra!!


***Los patojos de mi Colonia***

El sol aun no se asoma
al horizonte mas ellos
se levantan temprano
como siempre…

Un volcán como centinela
cuida sus pasos,
las montañas como murallas
rodean su campo de juego.

Uno a uno se van sumando
como uvas en la viña,
con sus pantaloncitos
y sus rostros bañados
de alegría…

Unos jugando cincos,
otros lanzando un trompo,
y más allá otros corren tras un balón.

Comiendo siempre de prisa,
con muestras de que bebieron
y comieron sobre la camisa.

Por esa urgencia de seguir
retozando y jugando,
queriendo que no llegue
la noche…

Mas la luna con la cara
tiznada los mira desde
el cielo escondida entre
en las nueves rajadas.

La noche va cayendo
y ellos siguen corriendo,
tras las luciérnagas que
habitan en el barranco
de las guacamayas.

Y desde la aldea de las hadas
el sueno viene a besar su frente,
y así de repente el cansancio les
cierra los ojos y una sonrisa
aletea en sus labios esperando
de nuevo el amanecer.
Oxwell L'bu copyrights 2010

jueves, 19 de septiembre de 2019

Al dar las seis...

Al dar las seis...
Al dar las seis, las calles se quedaban desiertas, las tareas escolares debía de haberse concluido y en las casas no se escuchaba ningún ruido, porque era la hora del Zorro...

El Zorro la serie que mi generación esperaba y era la única razón, por la que uno deseaba, después de un fin de semana, que fuera lunes, para poder volver a ver una semana más del héroe de todos.

Pero luego que finalizaba, más de algún patojo, una máscara improvisaba y con un palo de escoba, se hacía una espada y empezaba de espadiar, aunque fuera contra el poste.
Oxwell L’bu copyrights 2019