sábado, 17 de agosto de 2019

“Aquellas fiestas de mi barrio”

“Aquellas fiestas de mi barrio”
Sabrá que crecí en un “barrio muy particular, donde se lava y se plancha como en los demás...” No, eso es parte de una canción, que las niñas de mi barrio cantaban a todo pulmón.

Pero si, viví con intensidad una niñez, llena de felicidad y una adolescencia, con la demencia del amor...En aquel barrio de casitas iguales, donde toda una generación fuimos creciendo, pasamos de los juegos infantiles y los pantaloncitos cortos, a los cortes de cabello de moda, un día nos surgió el gusto por la música y por las chicas, que apenas ayer eran nuestra peor pesadilla.  Poco a poco las empezamos a ver, como esas flores qué hay que cuidar y de las que peligrosamente te podrías enamorar.

En aquellos años, se pusieron de moda, los mentados repasos, que no eran más que fiestecitas de barrio, a lo largo y ancho de la Colonia, aquellas fiestecitas, donde el salón, era la sala vacía, con que alegría se conocían, los que algún día se profesarían amor...

Todo era improvisado, no habían tarjetas de invitación, pero todo mundo se daba por invitado y allí se miraba a los muchachos recorriendo las cuadras buscando un repaso.

Para las chicas, que un día de repente, pasaban de niña a mujer, ir a bailar muchas veces era más bien ir a mirar, pues su primer baile no se lo querían regalar a cualquiera y allí estaban los patojos insiste que insiste, aunque poco supieran bailar, con las ganas en los pies y un 21 en la billetera, aunque la mayoría de las veces recibían un revés.

Pero cuando el destino se confabulaba y la canción era la que se esperaba, salían a bailar, se estrenaban en esa bella ilusión, de sentir que estaba vacío el salón, para bailar aquella melodía, con el chico que les robaba el corazón.
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jueves, 8 de agosto de 2019

“Esa literatura infantil”
Por ser poco aplicado y un rebelde desaforado, para mi ir a la escuela, era un dolor de muela, pero si le agradecía, el haber aprendido a leer, porque esa habilidad, me habrio la puerta de otros mundos.

Ir al mercado, aparte de comer cucherias, era una legaría, cuando uno se encontraba, el puesto donde vendían y alquilaban, los llamados chistes o historietas, que uno leía y releía y nunca se aburría.

Era trasladarse a otros mundos, mundos de superhéroes, de aventuras y travesuras que alimentaban la imaginación y uno se llenaba de emoción y en sus juegos infantiles reconstruía lo que leía.

Creo que en esa generación, creció la imaginación en forma exponencial, por eso ha vivido la vida burbujeando, como agua mineral.
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domingo, 28 de julio de 2019

***Esos atardeceres en la Colonia***

***Esos atardeceres en la Colonia***
Celaje es el paisaje en la
eterna primavera...
Así son los atardeceres
en la Colonia, atardeceres
de patojos en las calles jugando,
de muchachos en las esquinas enamorando.

En esos jardines donde
las flores expelen sus aromas,
que inquietan a los ruiseñores
y los pone a levitar anhelando
sus amores.

Esos atardeceres en la Colonia,
esperando esos vientos
de inspiración...
Contando los minutos para
encontrarse con el destino.

Destino que tiene tierna
la mirada, el alma alborotada
y una inquieta sonrisa,
que hace al corazón latir
a toda prisa.

Esos paisajes extasiantes,
esos celajes que invita a
emprender el viaje,
sin itinerarios, ni equipaje,
porque esa belleza son pinceladas
de la mano de Dios, en este rinconcito,
cerca del cielo.
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Foto: Hecto García

miércoles, 17 de julio de 2019

“Cuando íbamos a Wimpy”

“Cuando íbamos a Wimpy”
Los ochentas, la década en que el mundo cambió, la tecnología se hacia prematuramente obsoleta y la vida dejó de ir en bicicleta y al parecer en un carro de carreras se subió.

Pero lo cierto es que los chicos de aquella generación, disfrutaron, no se si más que los de ahora, pues no estaban embobados con la tecnología y para conocer a otros y al mundo había que aventurarse por las calles.

En esos años en que se disfrutaban las cosas triviales y sencillas; quien no disfrutó una charla interminable en una mesa de Wimpy comprando bebidas y si se podía papas fritas al ajuston y llevando en el bolsón asignaturas pendientes, por completar y la carta de amor, que no te atrevías a dar.

Wimpy era un punto de reunión, yo no sé, si eran las mejores hamburguesas del mundo, pero sabían a amistad y tenían ese toque de complicidad, cuando se quería conquistar a una a la doncella más bellas del jardín de las eternas primaveras.
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martes, 9 de julio de 2019

“La tele que veíamos”

“La tele que veíamos”
Con tres canales de televisión, los programas que veíamos los esperábamos con emoción, en una televisión en blanco y negro y si habían medios, en un fabuloso panavision a colores de última generación.

Sin control remoto y aún así, la señora de la casa era capaz de bloquear los otros dos canales, hasta que terminara su novela y después era el turno de los patojos, para ver las caricaturas o alguna de las series,en moda en aquellos años, como: El zorro, Batman y Robin, Perdidos en el espacio entre otras.

Al caer la noche, el control del único televisor en casa, lo tenía el papá, quien buscaba alguna película e indiscutiblmente, uno de los primeros, telenoticieros en el pais, con un formato muy propio “Aquí el mundo” aquí se veía a Don Otto Fernando Soberanis, con una seriedad impecable, no solo al redactar las noticias, sino darle ese toque de seriedad y hasta de solemnidad. Quien iba a decir que era el mismo locutor que se escuchaba por las mañanas, por una de las emisoras, con ese toque jocoso y alegre, la verdad es que parecía una persona diferente.

De aquella camada de excelentes comentaristas, narradores y locutores que le pusieron ese toque de personalidad a la televisión de aquellos años, se recuerda a: Don Carlos de Triana, Carlos Gudiel, Chalo Fernández, Otto Fernando Soberanis, Abdon Rodríguez Zea, entre otros.
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martes, 2 de julio de 2019

“Cuando llegaba el circo a la Colonia”

“Cuando el circo llegaba a la Colonia”
Aquellas tardes de juegos eternos, de esperar las series de televisión y llenarse de emoción escuchando aquellas historias interminables a la luz del poste en las esquinas, se veían parcialmente interrumpidas, cuando llegaba el circo a la Colonia.

Era todo un espectáculo, el ver como en los campos donde estaban las planchas, se levantaba la carpa del circo y con ella la ilusión de ver a los payasos y sus ocurrencias, al elefante, a los leones y por supuesto, el globo de la muerte. Tanto el circo como la feria, solían llegar en los días, del aniversario de la misma, el 1ero. de Julio de cada año.

Desde las primeras horas de la tarde, el presentador del circo, anunciaba por los parlantes, colocados en la parte más alta de los postes que sostenía la carpa. -Avísale a tu papá, a tu mamá, al abuelo, a la abuela que con la risa se quita el dolor de muela, has tu tarea de la escuela y pídeles que te traigan al circo, el circo la alegría que todos querían, está aquí con tres funciones y mucho que ver, así como un espectáculo que no podas creer, el globo de la muerte...

Los patojos hacían puntos para que los llevaran al circo; ayudaban en la limpieza, se sacudían la pereza y hacían los mandados. El circo pasaba  a ser la mayor atracción, la mayoría procuraban un boleto y los que no podían, hacían la lucha por colarse, trepándose por las faldas de la carpa.
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lunes, 1 de julio de 2019

“Aquí crecimos y vivimos momentos inolvidables”

“Aquí crecimos y vivimos momentos inolvidables”
Yo no sé,  si por necesidad, por oportunidad o más bien por bendición, crecimos en este lugar, donde se ha quedado una buena parte de nuestras vidas...

Cuentan los primeros, en la primero, que en sus inicios, vivir en la colonia, no ofrecía muchas ventajas, ya que aquella península incrustada en ese mundo verde, parecía como aislada de la metrópoli y sus barrancos eran como una fortaleza, donde bien se pudo haber construido, una pequeña ciudad impenetrable. La falta de transporte público en sus inicios, lo distante de los lugares de comercio, entre otras cosas, supusieron verdaderos retos, para aquellos que fueron los primeros, en la primero.

Fueron ellos quienes abrieron brecha y se sobre pusieron a los obstáculos, no solo para darnos una casa, sino un hogar, fueron ellos quienes aceptaron el reto, para que nosotros creciéramos en aquel inmenso campo de recreo, donde fuimos tan felices.

Ahora que damos todo por sentado y quizás ya olvidamos todos esos retos, cabe preguntarnos, que hemos hecho nosotros, por ese terruño querido, que le hemos aportado.

Pues en verdad, recibimos mucho y quizás hemos dado muy poco a nada. Muchos ya no vivimos en la colonia, pero vivimos recordándole y añorándola, otros por el contrario, prefieren sentirse ajenos y hasta niegan haber crecido en este bello lugar, porque ahora son otras sus amistades y otro su nivel económico y social. Pero no es el nivel económico o social, el que da la felicidad, sino recordemos lo felices que fuimos allí... Allí se quedaron nuestras primeras sonrisas, nuestros mejores y verdaderos amigos, la niña aquella que nos robó el corazón y esa juventud que siempre sueña con volver. Allí nuestros padres nos abrieron las oportunidades que ellos no tuvieron, porque en verdad, en la Colonia se respiraba ese espíritu de superación y pasión por vivir.
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