sábado, 21 de abril de 2018

***Mango, quiere mango***

***Mango, quiere mango***
Mango , quiere mango,
mire que al caminar,
usted se mueve,
así de sensual, como
en el tango.

Venga mi reina,
lleve su mango,
Como lo quiere?
-Con pepita, sal y limon,
no me lo despresie,
que me duele el corazón.

-Es que mango, no come mango,
le contesto la mujer,
a lo que el replicó:
-yo a usted me la comería
sin sal, ni limón
y le escribiría un poema,
a golpe de corazón.

La mujer siguió de largo,
dibujando una sonrisa;
la mujer del poeta del frutal,
sin ocultar la molestia,
le dijo: vos Chepe hacete
a un lado, que espantas a la
clientela con tus mates de enamorado.

Que le damos mi rey,
el abono y tormento de las flores,
provocador de mil amores;
lleve su mango, que aparte
de simpático, está bien mango.

El hombre se sonrió
y dos mangos ordenó;
-Ya vez Chepe hay que saber
tratar a la clientela...
-Vos y tus sermones me dan
dolor de muela.

Prepárele los mangos al caballero,
que allí viene dos como, las quiero;
- Que le damos mi chula, mi reina
del universo, la dueña de todos
mis versos...
-Lleve su manguito, que con dulzura
el amor es más bonito.

Las muchachas le sonrieron
y cuatro mangos le pidieron;
-Ya vez Marieta que si vende
el ser poeta.
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Foto: Paisajes De Guatemala Steven

martes, 20 de marzo de 2018

***A Jesús del sacrificio***

***A Jesús del sacrificio***
(De la parroquia Jesús Resucitado)
Con una voluntad inquebrantable
llevando el peso de la Cruz,
recorre la vía dolorosa;
la cruz  va dejando un rastro,
cual si fuera un arado.

Con su sangre y sudor
va regando la semilla del amor,
amor incondicional,
amor divino, amor inmortal,
amor fruto de su sacrificio.

La gente lo ve pasar,
algunos lo quieren ayudar,
prestando sus manos y pies
y que el peso de la cruz
caigan sobre sus espaldas.

Vestidos de penitentes
le siguen en silencio reverencial,
las calles de la colonia,
asumen su papel...

Y se reviste de color penitente
y con alfombras multicolores,
honran el paso del amor
de los amores.

El aroma del incienso
crea una atmósfera mística,
que envuelven las oraciones
de los fieles, que caminan con fe.

Siguiendo los pasos
de Jesús de Nazaret,
el rey de reyes que por amor,
se entrega a ese sacrificio.
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Foto: Parroquia Jesús Resucitado

miércoles, 21 de febrero de 2018

“Los encampanados”

“Los encampanados”
Encampanados se veían a los más lanzados, bailando la música de los Creedence, Tom Jones y otros, en esa moda sicodelica que evocaba los colores de la naturaleza y esa llamado a volver a lo básico, a la esencia de la vida.

Encampanados se veía a las muchachas y muchachos del barrio, caminando por las cuadras, con ese aire de rebeldes sin causa, con el pelo largo y algunos con tremendas barbas. Las muchachas más atrevidas en minifaldas, mostrando sus atributos. Mientras los más jóvenes, seguíamos correteando y jugando tras una pelota o en esos juegos de niños de los que nunca nos aburríamos.

En verdad nosotros no comprendíamos esa rebeldía y esa manía de llevar siempre la contraria, de una generación que nos heredó algo de su forma de bailar y de mirar la vida.

Encampanados, con los pantalones ajustados arriba de la rodillas, pero amplios de la rodilla para abajo, encampanados de la vida y de esa movida de las chicas en minifalda, que dejaban muy poco a la imaginación.
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sábado, 27 de enero de 2018

"Las chucherías de don Tim"

"Las chucherías de Don Tim"
Todos los días al salir de la escuela, haciendo el ajuston, con los centavos que me había dado mi madre y la abuela, corría a la tienda ambulante de don Tim, para comprarme una de esas chucherías, que hoy evoco en el tiempo y la distancia.

Esos mangos verdes, con pepita y limón despertaban la emoción, esa naranja dulce con pepita hacia que se hiciera agua la boca, los pepinos con sal y con limón causaban en el presupuesto una total insureccion.

No era sólo comprar, era compartir y tener una ocasión mas, para celebrar la vida con los amigos y compañeros; era ver la cara de alegría, cuando a una chiquilla le comprabas una manzana cubierta de dulce rojo, era esa refacción por la que tanto nos peleaba mamá, pues a la hora del almuerzo, ya no había espacio para más, era escucharla decir: preferís las chucherías de la calle a una buena alimentación, patoso cabrón..."

En la tienda de don Tim, era seguro encontrarse con la alegría, era ver su destreza con el cuchillo, era verlo rebanar un membrillo en segundos, era una alegría que no se olvida, eran aromas y sabores que se evocan.
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sábado, 13 de enero de 2018

"En la camioneta"

"En la camioneta..."
Cómo patojos en probeta, a falta de carro o motocicleta, la mayoría andaba en camioneta.

Los que fuimos de a pié, sabemos como fue...Aún vivimos para contarla, esa historia tan larga. Y es que en la camioneta, de todo podía pasar, desde conocer allí a la chica que te quitaría el sueño, conocer al amigo de toda la vida, escuchar esa música inolvidable o quedarse dormido y ser despertado por el chófer al otro lado de la ciudad.

En los ochentas, las camionetas se convirtieron en discotecas rodantes, para la alegría de la muchachada y el enfado de alguna gente amargada. Esperar la camioneta en la parada, era ver a las colegialas pasar o con los amigos empezar a vacilar, era la mejor ocasión para acercarse a la chica que te aceleraba el corazón, era recibir el ticket y contar los dígitos, para ver si sumaban un 21, era colarse en la puerta de atrás para ahorrarse los 5 y luego los 10 centavos del pasaje...Era viajar sin equipaje contemplando el paisaje o viendo los bellos ojos, la pantorrilla, el escote o algo más de las flores que acompañaban aquella odisea.

Y es que en las camionetas de todo podía pasar, cosas que se recuerdan con alegría y nostalgia de una época que ya no volverá, pero uno añora que volviera....
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viernes, 24 de noviembre de 2017

***Nos besábamos en cada esquina***

***Besándonos en cada esquina***
Más de una vez nos fuimos de capiusa,
le torcidos el brazo a la rutina,
nos besábamos en cada esquina
celebrando la indiciplina,
pensando que nadie nos veía
así fue aquel primer amor.

De pequeñas cosas hacíamos una fiesta
tus suspiros eran la orquesta,
tu le ponías música a mi canción;
tu con la calcetas arremangadas,
con la mochila en la espalda
luciendo esa falda escolar.

Nos besábamos en cada esquina
con pasión de niños, con dulzura
el elixir de esa locura que la activa
el primer amor...
Locura que nunca más encontrará cura
y al final es el mejor antídoto contra
la depresión.

Nos besábamos en cada esquina
sin pensar si tu padre nos sorprendería
y pensaría, quién es ese desaforado
que camina a su lado, quién es ese
susodicho que besa a mi primcesa,
¡Ojalá  sea solo un capricho!
pues yo no quiero como yerno
a ese bicho.

Nos besábamos en cada esquina
desafiando a tus pretendientes
que nos saludaban a regaña dientes,
esperando que te pusieras los lentes
y te dejarán ver lo que la miopía
te impedía.

Nos besábamos en cada esquina
pues cada esquina tendría nuestra huella,
los rastros que aquel amor primero,
el que fue verdadero, aquel que es mas
que pura ilusión.
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jueves, 16 de noviembre de 2017

Cuando éramos patojos

"Cuando éramos patojos"
Cuando éramos patojos, no existía la distracción del celular y la mejor manera de hacer amigos, era el iniciar una conversación, sin importar la ocacion.

Cuando éramos patojos, cualquier esquina era el mejor lugar para una conversación, cualquier banqueta era una hemoroteca donde encontrábamos más que entretenimiento, la compañía para celebrar el día. Nuestras mayores alegría estaban en las cosas triviales y sencillas, esas que acarician el corazón.

Cuando éramos patojos cualquier ocacion era propicia para compartir, quizás las nuevas generaciones de nosotros se podrán reír, porque en nuestras vidas no había tecnología  y es así, pero conocimos la alegría.
Oxwell L’bu Copyright © 2017